Desde su construcción, hace 179 años, la bóveda del río Verdiguel ha registrado hundimientos, fracturas, socavaciones así como colapsos en diversos puntos de su estructura; sin embargo, al paso de los años el riesgo se ha multiplicado y su “mal estado” podría afectar el primer cuadro de la ciudad de Toluca.
Se estima que casi 400 edificios, entre ellos el Palacio Legislativo, se encuentran encima de esta bóveda, vulnerable a desplomarse ante la probabilidad de intensas precipitaciones como las que han sucedido en los últimos 15 años, por lo que incluso se ha recomendado a los propietarios de estos espacios evitar la ampliación de sus construcciones para no cargar más el peso sobre ella.

LLUVIAS: PROBLEMA LEGENDARIO
Desde el arribo de los españoles a lo que se conocía como la Villa de Toluca, las precipitaciones pluviales ya significaban un reto para los habitantes de la zona pues el inicio del temporal equivalía con seguridad a anegaciones en distintos puntos.
María del Carmen León García, investigadora del Colegio de México, publicó en 2002 que desde el siglo XVI ya existía registro de que el “el agua de lluvia ocasionaba diversos problemas a la ciudad.
“La abundante precipitación pluvial que favorece al Valle de Toluca provocaba inundaciones que afectaban a los vecinos, pues en tiempo de lluvias bajaban las aguas por las calles del Beaterio, La Merced y San Juan de Dios, al poniente de la ciudad habiendo llegado el caso de experimentarse tan nociva inundación que introduciéronse las aguas en las casas”.
La especialista abunda que la posición topográfica de la ciudad es causa de este problema, ya que está ligeramente inclinada al noreste.
“Esta inclinación, misma que sigue la corriente del río Verdiguel, que cruza a la ciudad por el norte, en dirección poniente-oriente, facilitaba el escurrimiento de las aguas pluviales que arrastraban los desperdicios y las basuras”.
No obstante, la actividad comercial de esta villa se desarrolló en torno al Verdiguel a tal punto que “una de las calles principales al norte de la ciudad era La Tenería que corría a lo largo del borde de este río, también conocido como Xiualtenco, donde se establecieron los obrajes choriceros y las tenerías o curtidurías”.
VERDIGUEL, IMPURO DE ORÍGEN
Tras el arribo de los españoles y la prolífica actividad comercial en la región el río Verdiguel fue utilizado como el gran canal de aguas negras y residuales de la localidad donde viseras de ganado y desechos humanos eran confinadas en este afluente que conduce hasta la fecha los deshielos del volcán Xinantécatl.
Carmen León García señala que el afluente, que cruza hasta la fecha a la ciudad de oriente a poniente “era el colector de las aguas pluviales de la zona y se convirtió en el principal desagüe de la ciudad”.
“Se concentraban las aguas negras y los residuos artesanales. Corría a cielo abierto y para cruzarlo había dos puentes, uno en el callejón del Cerrito, para llegar al convento del Carmen y otro en el callejón de San Juan Evangelista”.
La investigadora revela que a consecuencia de ello en 1785 “el síndico del convento de San Francisco afirmó que el agua del río, al cual calificaba apenas de arroyo, no era potable (…) su agua se contaminaba con los excrementos de cerdos y otras bestias. En él también se lavaba ropa, se bañaba la gente y desaguaban las letrinas del convento del Carmen. Por lo tanto, sugería el síndico que esas aguas rivereñas debían destinarse sólo para el desagüe de la ciudad”.
Al paso de los siglos, el río Verdiguel se convirtió en referente obligado para la ubicación de la ciudad de Toluca, hoy capital mexiquense, ya que en el siglo XVIII la plaza pública o plazuela mayor limitaba al norte con él, según la historiadora.
El archivo del ayuntamiento de Toluca destaca que incluso en 1833 se declaró una epidemia de cólera en todo el país que mató a muchas personas y la población de Toluca se vio afectada por las condiciones de insalubridad que guardaba el Verdiguel, dos años después de que se iniciaron trabajos de embovedamiento parcial en puntos sensibles a desbordamientos del afluente.
En 1871 la situación del río Verdiguel era aún lamentable, muestra de ello son testimonios que guardan en el archivo municipal como el de Jesús Jiménez que calificaba de vergonzoso el aspecto que presenta el río.
“Más bien que río, es una cloaca de bastante extensión, donde multitud de personas satisfacen sus necesidades fisiológicas y también arrojan en gran cantidad porciones de inmundicias, más como todo esto no va al agua, sino a los márgenes sinuosos del río, se van formando grandes depósitos y necesariamente les llega el periodo de putrefacción, cuya fetidez es imposible de soportar. (…) Todo transeúnte que visite la ciudad se formará muy mala idea de sus moradores, considerándolos faltas de civilización y dando manifestar nuestra indolencia y hábito de vivir entre la inmundicia. No es posible que semejante río permanezca descubierto por más tiempo y en pleno sigo XIX”.
Pese a los malos olores y el pésimo aspecto que mantenía este afluente no fue sino hasta 1891 cuando se elaboró un proyecto para la construcción de la bóveda del río Verdiguel, a cargo de Anselmo Camacho, miembro de la Comisión de Policía del Ayuntamiento de Toluca, según los datos corroborados en el archivo del municipio.
Fuente: Milenio-Óscar Romero

