Los bosques cercanos o limítrofes con la zona metropolitana del Valle de México, como los enclavados entre Xalatlaco y la sierra del Ajusco o los que sobreviven en las inmediaciones de las lagunas de Ocuilan —ruta hacia Cuernavaca—, se encuentran entre los más amenazados del país por la presión que ejercen las zonas urbanas.
El director general de la Protectora de Bosques (Probosque), Jorge Rescala, señaló lo anterior y aseguró que la indefinición en la tenencia de la tierra en el caso de los bosques también constituye un peligro ya que facilita la entrada de bandas de taladores.
Agregó que la tala clandestina por parte de grupos organizados no es la mayor amenaza contra los bosques del estado de México, sino el avance de las zonas para uso habitacional y la ampliación de áreas agrícolas.
“Regularmente la pérdida de bosque es por cambio de uso de suelo; más que por tala o más que por incendio es derribar. El propósito, más que de vender la madera, es ocupar el terreno forestal ya sea para agricultura o para cuestiones urbanas, ese es el gran problema de la deforestación”, señaló.
Consideró que en estos momento los bosques que están en mayor peligro de desaparecer a causa de esta presión social por el crecimiento demográfico son aquellos que limitan con la zona metropolitana del Valle de México, en las inmediaciones de Ixtapaluca y Tlalmanalco, así como los que enfrentan litigios por posesión.
Explicó que, como puede verse, el mayor problema de la deforestación en el estado de México no es la tala ilegal, sino la fuerte presión que ejercen sobre los bosques los asentamientos humanos, regulares o irregulares, pues cada año entre 3 mil y 4 mil hectáreas arboladas son absorbidas por la frontera urbana para la construcción de nuevas viviendas de interés social, residenciales o incluso rurales.
Señaló que a diferencia de lo que se cree, este fenómeno ya no es privativo de las grandes metrópolis mexiquenses, pues se ha observado que “los caseríos y ranchos” enclavados en medio del bosque tienden a ampliarse como consecuencia natural del crecimiento demográfico. Así, en medio de las zonas boscosas se abren extensiones rasas que se siguen ampliando, señaló.
Detalló que algunas otras zonas boscosas, como la de San Juan Atzingo o áreas más pequeñas en otros municipios forestales de la entidad, como en Santiago Tiangusitenco, se encuentran entre las que enfrentan mayor presión y peligro debido a su cercanía con las fronteras urbanas.
Fuente: El Universal, Estado de México – Teresa Montaño

