México • No, no había manera de que el hombre dejara de sonreír…
Le dijeron que el Distrito Federal yace corroído por el “amafiamiento” de pandillas políticas y delincuenciales (Beatriz Paredes, PRI)…
Le dijeron que el agua de la ciudad era terrible (Isabel Miranda de Wallace, que mostró una botella de agua turbia procedente de Iztapalapa) y que las coladeras apestan…
Le dijeron que por culpa de los gobiernos perredistas el Distrito Federal está sumido en la corrupción, la opacidad y los abusos (Paredes)…
Le dijeron que la ciudad está más contaminada, que persiste la delincuencia, que se usan los programas políticos como botín electoral, que el DF está más endeudado…
Tres damas (Paredes, Miranda de Wallace y Rosario Guerra, de Nueva Alianza), muy serias ellas, le dijeron todo lo que creyeron que le podían decir para afectarlo, para quitarle unos puntos en las encuestas… y nada.
El hombre, Miguel Mancera, no dejaba de sonreír en las instalaciones del Canal Once, donde se había llevado a cabo el debate entre las candidatas y el aspirante al GDF. Incluso, por momentos parecía que el señor iba a reír, que le ganaba la risa. Ni siquiera tenía que desanudarse la corbata porque se hubiese sentido incómodo: no llevaba, iba de traje oscuro y camisa blanca si n corbata.
—Oiga, como que le ganaba la risa, ¿no? —le comentaba MILENIO al candidato de las izquierdas luego del debate.
—No (cerraba un ojo)… Pero yo voy a seguir sonriendo… Todo el tiempo… —respondía… sin dejar de sonreír.
—Como que sonreía demasiado el candidato, ¿no? –se le preguntaba a Paredes antes de que se subiera a su coche. Lo pensaba un instante y, con filosofía, sonreía ella también:
—Bueno, no es un defecto sonreír… ¿O sí?… —se iba, también sonriendo, a pesar de que Rosario Guerra se le había lanzado al cuello: “Candidata golondrina que viene cada seis años por el voto y no tiene ideas para el DF”, le había espetado, a lo que Paredes sólo haría mención a “cierta fauna” que hay en la ciudad.
En donde también sonreían era en la zona de invitados. Cada partido o coalición contó con un salón para que los acompañantes de los candidatos observaran el debate en pantallas planas. En la zona del PAN había visitantes de lujo, encabezados por Margarita Zavala, la esposa del Presidente de la República. Y ahí estaba luego del encuentro, junto a Mariana Gómez del Campo y a Gabriela Cuevas, quienes aspiraron a la candidatura chilanga, platicandotodas ellas sonrientes, seguras de que la señora Miranda de Wallace había ganado el trámite.
A unos pasos de ahí, en el saloncito de las izquierdas, todo era gozo entre Carlos Navarrete, Mario Delgado, Gerardo Fernández Noroña, Joel Ortega y Alejandra Barrales, quienes aspiraran hace unos meses a estar en el lugar de Mancera. Manuel Camacho también departía con ellos y les quedaba claro que tampoco tenían razón para dejar de sonreír: posaban, alegres, para sus fotos personales.
En el pequeño saloncito del PRI y el Verde, el personaje más destacado antes del debate era el dirigente del PVEM, Arturo Escobar, que al lado de una decena de personas más estaba serio. Después del debate ya no había nadie ahí.
Todas las candidatas se declaraban satisfechas y partían.
El hombre que por la mañana había ido al gimnasio durante dos horas para hacer ejercicio cardiovascular y pesas; el hombre que había comido pescado, ensalada y agua en su casa; el hombre que decía sentirse “ligero” al llegar, se iba… sonriendo. A la espera de ver qué pasó con sus 45 y 50 puntos de ventaja en las encuestas…
FUENTE: MILENIO

