LONDRES, Inglaterra.- Brasil buscará conquistar este sábado ante México, en los Juegos Olímpicos de Londres, el codiciado metal dorado, que desde hace seis décadas se mantiene como la gran deuda pendiente de su futbol victorioso.
El partido en el mítico estadio de Wembley es una oportunidad histórica para ambos, ya que es la primera final olímpica del Tri y la primera oportunidad que tienen los pentacampeones del mundo de romper la maldición que persiste desde los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952, su primera participación en dicha competencia.
En las dos únicas veces que alcanzó una final olímpica antes de Londres 2012 (Los Ángeles 1984 y Seúl 1988), Brasil debió conformarse con la plata, pese a que en estos equipos jugaban algunos de los máximos astros de la historia del futbol del país, como lo son Romario y Bebeto.
Pero ahora hay en las filas brasileñas una total confianza en que la tercera será la vencida. Hasta el astro brasileño Pelé, quien nunca llegó a disputar unos Juegos Olímpicos, se desplazó a Londres y anunció que estará en el estadio para festejar el fin del tabú.
Frente al poderío y la determinación de los brasileños por llenar su casillero de conquistas posibles, aparece el deseo no menos fuerte de México por consumar una hazaña histórica y envolverse en la bandera de la gloria.
Más de una vez, México se perfiló en la historia contemporánea del futbol como un favorito o un rival a vencer y tantas veces se quedó a mitad de camino, mordiendo la rabia con la sensación de que pudo haber hecho algo más grande.
Y para colmo debe sobreponerse en esta circunstancia a una pérdida grande en las vísperas, como fue la lesión de Giovani dos Santos, jugador clave por talento y temperamento.
Cuando suene el silbatazo inicial en la catedral del futbol, Brasil tratará de saldar su deuda con la historia y México consumar la hazaña.

