“Se es joven cuando se quiere transformar y no conservar; cuando se tiene la voluntad de hacer y no de poseer; cuando se sabe vivir al día, para el mañana”, dijo Jesús Reyes Heroles, y cabría agregar: cuando se asume que más que objeto, el joven debe ser sujeto de su desarrollo, que no sólo es responsable ante sí mismo, sino frente a su comunidad.

Así, cumpliendo su deber transformador de la realidad, jóvenes de todo el mundo conmemoraron este 12 de agosto el “Día Internacional de la Juventud”. En México, un nutrido grupo de mujeres y hombres de entre 18 y 30 años de edad, convocados por el Frente Juvenil Revolucionario del PRI se reunieron a analizar, mediante un mecanismo que permite una intensa participación, los principales asuntos que, a su juicio, deben integrar la agenda de los jóvenes, para convertirlos en planteamientos concretos al gobierno que Enrique Peña asumirá en breve.

En el contexto de inseguridad y violencia que desafortunadamente permea en muy diversos y amplios sitios de la geografía nacional, los jóvenes enfrentan delicadas opciones, pues la muy preocupante ausencia de oportunidades de desarrollo académico y laboral, así como de realización personal, crea un contexto en el que fácilmente se abren paso la informalidad con sus precarias condiciones y, a pesar del peligro que implican, otras tentaciones como las de la delincuencia que le apuesta a la impunidad, y el crimen organizado en sus peores expresiones como el narcotráfico y otras actividades antisociales, que solamente se pueden evitar con la multiplicación de espacios educativos y opciones para realizar estudios técnicos y universitarios, de programas vinculados a las áreas estratégicas del desarrollo nacional, la apertura de opciones de trabajo, y la promoción de políticas culturales y deportivas tan ambiciosas como eficaces.

El fenómeno es mundial. Precisamente el domingo pasado la Organización Internacional del Trabajo advirtió que “el desempleo y la informalidad ponen en riesgo a la generación de jóvenes mejor formada y más educada que ha tenido el mundo”. Fenómeno palpable en nuestro país, donde 190 mil jóvenes que no encontraron cabida en las instituciones públicas de educación superior este año, no tienen opción en el corto plazo, y en el mediano y largo, no perciben alternativa visible de un empleo bien remunerado.

Claramente, la inseguridad y la violencia, la necesidad de acciones gubernamentales para encauzar las actividades artísticas y deportivas, la educación vinculada al mercado laboral, la agenda digital y la participación política, son algunas de las preocupaciones centrales de uno de los sectores más importantes y numerosos de la sociedad mexicana presente y futura.

Al dialogar con los jóvenes, Enrique Peña aseguró “compartir sus anhelos”; dijo: “yo también quiero un nuevo país exitoso que reconozca el potencial y talento de cada mexicano”, y se comprometió a ofrecer más educación y de calidad para todos alcanzando la cobertura universal de la preescolar a la preparatoria, la cobertura de al menos 45% en educación superior. Y para dar el salto a la Sociedad del Conocimiento, se comprometió a invertir, al menos, el 1% del PIB en ciencia y tecnología y crear un fondo para fortalecer las capacidades de los gobiernos estatales en la materia.

En este contexto siempre es útil recordar a Adolfo López Mateos, quien propuso a un grupo de jóvenes universitarios mexicanos que si bien algunos serían hombres de letras; otros, hombres de ciencia; unos, hombres de acción; y muchos más, hombres de trabajo, absolutamente todos deberían ser hombres de bien.

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