«Yo salí de Nicaragua no con la intención de ir a Estados Unidos, ni siquiera de abandonar a mi país o a mi familia; yo salí por el conflicto bélico que se vivía en mi país… si me quedaba me iban a meter a la cárcel», platicó a EL UNIVERSAL, Francisco Cordero Ñamendiz.
Francisco, originario del país centroamericano se reencontró con su madre ayer lunes en el albergue Decanal Guadalupano de Tierra Blanca, Veracruz en punto de las tres y media de la tarde.
Las primeras palabras de su madre, María Teodora Ñamendiz, integrante de la Caravana Liberando Esperanza de madres centroamericanas en busca de sus hijos organizada por el Movimiento Migrante Mesoamericano, fueron de reclamó tras dejar de escribir desde hace más de veinte años.
«No te acuerdas de tu madre, mamá sólo hay una en esta vida, no hay más. Hay un dicho que dice que la madre para cien hijos y padre para ninguno», fueron las primeras palabras de la señora Teodora a Francisco.
«Tenía treinta años de no verlo. Mis hijas me decían: mamá cree usted que mi hermano esté vivo, yo les respondía que sí, mi corazón lo siente».
Exiliado por la guerra
En 1980, Cordero Ñamendiz, originario de Chinandenga, norte de Nicaragua, frontera con Honduras y El Salvador; partió de su país huyendo del conflicto interno entre el Frente Sandinista de Liberación Nacional y las fuerzas del gobierno del ex presidente Somoza.
«Yo no pensé en ese sueño americano que hoy se escucha decir, yo ignoraba todo eso, creo que fui victima del gobierno por no querer dejar el poder en mi país».
Su llegada a Veracruz se produjo luego de ser capturado por agentes migratorios quienes lo subieron a un tren con soldados a quienes finalmente, logro sobornar para que, en compañía de otros centroamericanos los dejaran salir, así decidieron ir al Puerto de Veracruz y convertirse en albañiles.
La imagen del rencuentro
En el último contacto escrito que los Ñamendiz tuvieron alrededor de 1990, la madre recibió la última pista de su hijo: una fotografía en la que Francisco monta una bicicleta junto con una canasta en el Puerto de Veracruz.
La postal fue la pieza clave para encontrar a su hijo.
El viernes 26 de octubre, Rubén Figueroa, integrante del Movimiento Migrante Mesoamericano inició la búsqueda del nicaragüense junto con tres reporteros locales del puerto de Veracruz. Luego de cuatro horas, según narró Figueroa, lo encontraron.
«Cuando me dijeron que venía mi mamá en una Caravana pues yo no les creí hasta que me enseñaron una foto que yo le había mandado», confiesa Francisco.
La promesa: acortar la distancia
A pesar del reencuentro, las posibilidades de vivir juntos en un mismo sitio son pocas. La señora Ñamendiz pide más comunicación con su hijo pero desea regresar a su país.
«No me gustan las comidas que hacen aquí, mejor me voy para Nicaragua, muy linda la comida de allá… Que vaya él a la casa, no conoce a sus hermanos o que vengan ellos y estemos reunidos».
Por su parte, Francisco Cordero, esperará año y medio a que su hijo menor, de 22 años, culmine su licenciatura para poder realizar un viaje a su país natal.
«Ya entonces juntare dinero para ir a ver a mis hermanos; sí me gustaría pero ya no puedo dejar a mi esposa y mis hijos que son mi única familia aquí… la verdad no cambiaría de residencia. Lo que trataría es ir más constantemente. Ya nos vamos a dar teléfono, correo, hoy es mas fácil comunicarse».

