Las inesperadas noticias sobre Hugo Chávez siempre suceden en la madrugada. A esa hora ocurrió su puesta de largo, el 4 de febrero de 1992, cuando comandó la intentona golpista contra Carlos Andrés Pérez. Tarde en la noche, el 14 de abril de 2002, regresó a Miraflores después de que militares leales lo repusieran en su cargo tras el golpe de Estado encabezado por el empresario Pedro Carmona Estanga. Y ha vuelto a Venezuela, también de madrugada, este 18 de febrero, tras 69 días en La Habana, donde fue operado por cuarta vez del cáncer que se le detectó a mediados de 2011.
Chávez llegó al aeropuerto internacional de Maiquetía a las 2.30 de la madrugada acompañado por sus familiares cercanos y dos horas después, mientras los caraqueños aún dormían, ya estaba en su habitación del Hospital Militar Carlos Arvelo, al oeste de la capital venezolana. “¡Volvió, volvió, volvió!”, escribió el ministro de Información, Ernesto Villegas, en su cuenta de Twitter a esa hora, casi al mismo tiempo que dos de los principales jerarcas del régimen: el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, y el ministro de Ciencia y Tecnología y yerno del comandante-presidente, Jorge Arreaza.
No es la primera vez que Chávez es internado en ese centro sanitario, inaugurado por el dictador Marcos Pérez Jiménez en 1956. Allí enfrentó la tercera fase de su tratamiento contra el cáncer entre agosto y septiembre de 2011 y fue operado de la vista en 1993, cuando era tan solo un golpista oficial de paracaidistas. Esos detalles tal vez no sean ahora del todo importantes. Al margen de la calidad de su plantilla médica, el hospital Carlos Arvelo reúne todas las condiciones para que se mantenga el misterio en torno a la gravedad de su estado: un piso, el noveno, que solo atiende a altos oficiales, custodiado por la Policía Militar y que, según medios locales, ha incorporado a oficiales de inteligencia camuflados a un personal que tiene acceso parcialmente restringido al sitio donde está recluido Chávez.
Muy cercano a los enclaves chavistas más radicales, el Hospital Militar Carlos Arvelo es una estructura que, como casi todas, exhibe en su fachada una imagen gigante del mandatario acompañada de rimbombantes expresiones: “Revolución, independencia, salud o nada”. En los Gobiernos anteriores a este solo podían ser atendidos militares activos y retirados y sus familiares, y tenía fama de contar con una plantilla de calificados profesionales en todas las especialidades médicas.
Chávez lo integró en uno de sus programas asistenciales, Barrio Adentro, y desde entonces los signos de deterioro se han acrecentado. “Y al ampliar el número de pacientes tiene que disminuir la calidad”, agrega el exministro de Defensa Fernando Ochoa Antich.
Ayer por la mañana frente al hospital ya no quedaba nada de la pequeña celebración que acompañó la llegada del presidente. Sus partidarios decidieron retirarse siguiendo instrucciones del Partido Socialista Unido de Venezuela, que pidió a sus seguidores que no se manifestaran frente al centro de salud.
La sorpresiva llegada de Chávez ha eclipsado las reacciones a la devaluación del bolívar y ha puesto de relieve nuevamente la batalla por la sucesión, un tema que el Gobierno no está rehuyendo. El domingo, el periodista y ex vicepresidente José Vicente Rangel citó en su programa de televisión los resultados de un sondeo que asegura que el delfín de Chávez, el vicepresidente Nicolás Maduro, sacaría 14 puntos de ventaja al excandidato presidencial y actual gobernador del Estado de Miranda, Henrique Capriles, si se enfrentaran en las urnas.
FUENTE: EL PAIS

