
Se acabó la impunidad de los políticos, funcionarios, impartidores de justicia y anexas, con la excepción del Presiente de la República, que contará con total inmunidad a su cargo y no podrá ser llevado a juicio salvo en caso de traición a la patria y delitos graves.
Fueron seis horas en el plano para que finalmente los legisladores determinaran quitara el fuero constitucional a servidores públicos, como legisladores, ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, magistrados de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, los consejeros de la Judicatura Federal.
Además de los Secretarios de Despacho, los diputados de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, el Jefe de Gobierno del Distrito Federal, el Procurador General de la República y el Procurador General de Justicia del Distrito Federal, así como el consejero Presidente y los consejeros electorales del Consejo General del Instituto Federal Electoral.
Ya no habrá más “charolas” de los diputados, o de los representantes del poder judicial o de altos funcionarios que a cualquiera intimidaban con sus credenciales en los cristales de los automóviles, ¡eso se acabó, la prepotencia y la fantochada!
El dictamen aprobado en la Cámara de Diputados establece que la inmunidad proteja únicamente la libertad de los servidores públicos, así como el principio de presunción de inocencia que les asiste como a todo ciudadano, por lo que el servidor público que cuente con inmunidad constitucional no podrá ser privado de su libertad durante el tiempo en que ejerza su cargo, pero sí podrá ser sujeto de proceso penal, bajo las reglas especiales que incluye el dictamen.
Ahora sí Manlio Fabio Beltrones no pudo ganar en la votación para darle la certeza del fuero al presidente ni con su gran aliado el Partido Verde Ecologista de México, y aunque no perdió, estuvo a punto de poner en riesgo la inmunidad del presidente Enrique Peña Nieto.
Mirilla política
La Cámara de Diputados rindió homenaje al periodista parlamentario Federico Berrera Fuentes, en su cuarto año luctuoso, que para muchos que lo conocieron lo consideraban el ícono de la crónica parlamentaria.
El diputado Francisco Arroyo Vieyra, lo recordó como un gran amigo, al que trató pero sobre todo, su próxima celebración del centenario de su natalicio.
Arroyo Vieyra, en pocas palabras, dio una cátedra de los que debemos ser los periodistas que cubren la Cámara de Diputados y que quieren hacer la crónica parlamentaria, la cual se nutre de una enorme disciplina. “Para ser cronista parlamentario se requiere una cultura casi enciclopédica y una acuciosidad y una agudeza mental y un manejo de la ironía propia de los inteligentes.
“La ironía es un arma de la inteligencia y sólo se contesta y se combate con una ironía casi en paralelo como la Ley de Newton, a una reacción corresponde otra reacción igual, pero en sentido contrario.
“El parlamentarismo se nutre de la ironía, es una parte fundamental, la ironía es un recurso que se lleva a la frontera de picar al contrario sin herirlo, sin zaherirlo, utilizando un lenguaje casi cervantista”. Una buena lección para los periodistas parlamentarios”.
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