Administradora de empresas, diplomada en finanzas, psicóloga en criminalística, desde hace cinco meses, Marissa Quintanilla, ocupa la dirección de este Centro Federal de Readaptación Social número 1, Altiplano.
Dotado de los mayores avances tecnológicos de seguridad.
Para llegar a la Dirección General, hay que hacer un recorrido de alrededor de una hora por puertas blindadas, aparatos de detección de armas y drogas, del más alto nivel. Aquí purgan condena internos de alta peligrosidad, como el secuestrador Andrés Caletri, narcotraficantes como Edgar Valdés Villarreal, La Barbie y Miguel Ángel Félix Gallardo, el de mayor antigüedad en ese centro, inaugurado en 1991.
La seguridad y readaptación social de estos internos es responsabilidad de Marissa Quintanilla.
Trece años de carrera en el sistema penitenciario federal. Antes de llegar al altiplano fue directora del Cefereso número 3 de Matamoros y del Cefereso de Guasave, Sinaloa.
«Sin ningún temor, sí, mucha gente me pregunta ¿no tienes miedo?, miedo que te mantiene alerta y siempre atento a las cosas que suceden, pero no miedo que paraliza y no te permite tomar decisiones. Procuro cuando salgo tener una vida sin paranoia, sin estar viendo que algo me va a pasar porque no se podría vivir».
Tiene a su cargo 800 personas que forman parte del personal que labora en el centro y mil 210 internos, de los llamados de alto riesgo.
Además atiende a abogados y familias que ingresan diariamente a esta institución penitenciaria.
Así se le ve por los pasillos en donde literalmente vive.
«Yo estoy permanentemente aquí, las 24 horas del día, este es un centro de internos procesados, entonces por casos de audiencias, el centro trabaja día y noche», ¿si se le requiere a medianoche aquí esta?, «a cualquier hora», ¿a qué hora se duerme, realmente descansa?, «muy poquito, pero como cuando tiene uno la conciencia tranquila las pocas horas que duerme las duerme muy a gusto y muy relajada, así duermo, tres horas pero bien dormidas», explicó la directora del Altiplano.
Marissa sabe bien las consecuencias que tiene ser directora de un centro como este.
«La familia está muy lejos, muy segura, muy orgullosa, muy triste, ahora tengo, pues que le digo un año cuatro meses de no ver a mi madre. Lo único que yo le digo es y de qué tienes miedo, qué me puede pasar yo no estoy haciéndole daño a nadie, al contrario que me pueden hacer estas personas si los trato bien y los trato con respeto, por que tendrían que agredirme o hacerme algo, yo no tengo ningún problema con esto, entonces yo estoy tratando de hacer mejor a estas personas».
Está convencida en la rehabilitación de estos delincuentes, con la ayuda de sus familias donde juntos institución y sociedad hagan posible la rehabilitación del infractor.
«Pero también me preguntan y me dicen: oye pero ¿por qué haces tantas cosas por ellos y que no piensas en las víctimas? Bueno es que mi rol no es con las víctimas es trabajar con ellos para que no haya más víctimas y habrá alguien más, una institución que hará algo por las víctimas y otros por la prevención del delito y otros por las mujeres que delinquen».
Su lucha diaria es por la confianza de la sociedad, por se tenga confianza en las instituciones, por esta responsabilidad con la que demostró que una mujer lo puede hacer tan bien o mejor que un hombre.
«Ya sabemos que las mujeres somos más responsables, más entronas, no y discúlpenme por favor pero es la realidad, que les puedo yo decir».

