Cuando el coordinador de los senadores del PRD, Luis Miguel Barbosa, tocó el tema de la divulgación de su declaración patrimonial y la obligatoriedad de la transparencia por parte de los servidores públicos, un reportero le preguntó:
—Senador, ¿Y qué le parece que un senador compre 300 mil pesos de corbatas en efectivo en la tienda Louis Vuitton?
—Bueno, eso es lo que tú has difundido en redes, pero no hay ningún…
—No, eso es lo que ha publicado, está en el periódico del ITAM…
—Por eso, déjame contestar. No hay ninguna prueba de ello, no hay ninguna referencia de nada de ello. Nunca he tenido 300 mil pesos, ni cantidad mucho menor para comprar esas cosas. Si puedo aspirar a comprar una corbata la compro, a comprarme una ropa que me gusta», respondió Barbosa en primera persona, poniéndose el saco, porque nunca se le había preguntado que al él se le atribuyera dicha compra.
Y añadió: «Dame… Yo te reto a que presentes una prueba, una sola prueba, sino que te desdigas ¿sale?»
—Le reitero, ahí está la publicación del ITAM que lo señala.
—Pruebas, te pido pruebas. Pero no me molesto ¿De acuerdo? Así es que muy natural en este asunto y yo acepto la trasparencia como una regla del comportamiento de servidores públicos.
Así terminó la entrevista que concedió este miércoles 10 de julio Barbosa Huerta, en la sala de prensa del Senado de la República.
El tema al que se refería el reportero, y del que respondió Barbosa poniéndose el saco, fue publicado por el diario digital El Supuesto, de alumnos del ITAM, el pasado 13 de febrero. En el artículo, intitulado «Senadores Inalcanzables», está firmado por Roberto Ascencio, quien narra que al senador se le vio «en la tienda Louis Vuitton pagando 150,000 pesos de corbatas con tres sobres de 50,000 pesos cada uno».
Y como el alumno del ITAM tuiteó el tema, mencionando al senador Barbosa, éste lo bloqueó de su cuenta de Twitter.
Con fines estrictamente periodísticos, a continuación se reproduce íntegro dicho artículo:
Senadores Inalcanzables
Las redes sociales nos ofrecen hoy un gran alcance mediático y sin embargo éste es, a su vez, sumamente limitado. Es frustración el sentimiento de un ciudadano que quiere denunciar la conducta sospechosa de un senador y que no cuenta con las herramientas necesarias para hacerlo. Esta historia comienza cuando, en vísperas navideñas, mi amigo Mario Quintanilla sorprendió en Louis Vuitton de Perisur al senador Miguel Barbosa, líder de la bancada perredista, pagando 150,000 pesos de corbatas con tres sobres de 50,000 pesos cada uno. Desafortunadamente, la mirada amedrentante del guardaespaldas del senador inhibió a Mario de poder plasmar en fotografía la transacción.
Personalmente no dudo que un senador tenga dicha suma de dinero, y está en todo su derecho de comprar ostentosas corbatas con las iniciales LV si así lo desea. Sin embargo, la operación se volvió turbia al ser efectuada en efectivo, y así surge la primera duda ¿por qué pagar corbatas en efectivo? A los senadores no les pagan en efectivo. Esto se vuelve aún más escabroso cuando el senador da el nombre de su esposa en el mostrador en lugar del suyo. Aunque no lo sé con certeza, probablemente requirieran un nombre para ser añadido a alguna lista de clientes preferidos y, no obstante, por alguna razón no quiso que su nombre quedara registrado.
Mario y yo intentamos difundirlo a través de las redes sociales etiquetando en Twitter a distintos periodistas y figuras públicas, además de al senador mismo, que utiliza la cuenta @SenBarbosa. Nunca hubo respuesta de su parte ni de ninguno de sus allegados, ninguna aclaración. No se le acusaba de nada, sólo le pedíamos una explicación del brumoso pago en efectivo, misma que, claramente, nunca obtuvimos.
Unas semanas más tarde, el senador escribió en Twitter «Las imágenes de Florence Cassez lléndose (sic) de México, son frustrantes e indignantes. Vamos por los responsables». Al hacerle ver su error ortográfico fui bloqueado de Twitter por él, imposibilitándome cualquier tipo de interacción: mencionarlo o seguirlo. En mi pantalla aparecía esta foto al intentarlo seguir.
En ese momento, ya no sólo el senador Barbosa se negaba a darme una explicación, sino que había interactuado conmigo de la manera más antidemocrática existente: intentando silenciarme. Se había tomado la molestia de bloquearme, pero no de responder a mi duda. Las instituciones de rendición de cuentas no dan más opciones a los ciudadanos para exigir este tipo de aclaraciones. Por un lado, lo que pasa en Louis Vuitton sólo concierne a Louis Vuitton. Por otro lado, el método de pago no es motivo suficiente para acusar a un servidor público de nada. Resulta irónico que este mismo senador sea el que se opuso tan tajantemente a la creación de una Comisión Nacional Anticorrupción propuesta por el grupo parlamentario del PRI. A los pocos días, después de presionarlo demasiado a través de otras cuentas, me desbloqueó. Hoy, aún sin acusarlo y dándole el coloquial «beneficio de la duda», me atrevo a decir que el senador despierta en mí grandes sospechas que no quiere (o quizás no puede) refutar.

