Norberto de AquinoPor Norberto DE AQUINO

Salvo que todo se trate de una estrategia de gran alcance y claros objetivos intermedios, el gobierno se ha entrampado en el tema de la reforma energética. Y podría, en plazos muy cortos, tener no sólo que modificar su accionar, sino incluso tener que pensar en por fin, tener que explicar todo lo que hasta el momento ni siquiera ha querido mencionar.

En el momento en que el proyecto de reforma energética fue presentado como algo que “Lázaro Cárdenas hubiera aprobado” ya que el proyecto oficial estaba fincado “palabra por palabra” en las ideas cardenistas cuando la expropiación petrolera, el gobierno se amarró las manos y quedó sujeto a lo que Cuauhtémoc Cárdenas opinará de las ideas del equipo de Enrique Peña Nieto.

Y cuando el hijo del general Cárdenas se colocó de frente a la reforma propuesta por el gobierno, la idea fue buscar una salida por fuera de la confrontación.

El gobierno se equivocó cuando se mostró más preocupado por defender su nacionalismo que el beneficio de la reforma. Quedó atrapado en sus afanes por demostrar que no se buscaba vender las riquezas naturales del país y se olvidó de plantear la problemática a la sociedad para que fuera ésta la que respondiera a favor de los cambios.

Se trabajó para no molestar al PAN, y Gustavo Madero se dedicó a cuestionar el proyecto del gobierno y a lanzar calificativos de todo tipo, en contra del gobierno.

Se trató de que la izquierda se quedará, por lo menos en parte, del lado del gobierno y de su proyecto, y el PRD respondió de una manera tajante en contra de las modificaciones constitucionales.

Y se intentó que Cuauhtémoc Cárdenas diera señales de respaldo al proyecto del gobierno, y lo que recibió fue un rechazo abierto a la idea de las modificaciones propuestas. Más aún, Cárdenas cuestionó decididamente, las posiciones adoptadas por el gobierno y no aceptó que el proyecto que proponía Enrique Peña Nieto fuera una iniciativa ligada al pensamiento cardenista.

La estrategia oficial entró en crisis. El presidente de la República había perdido la oportunidad de

explicar a la nación, hace una semana, el proyecto de fondo. El gobierno se quedó en las reformas a la Constitución y quiso que el debate quedara centrado en los cambios en el artículo 27. La respuesta no fue la esperada y los criticas se centraron en las modificaciones al artículo 28 constitucional.

Ahora, el gobierno desde todas sus trincheras, intenta que la sociedad acepte las necesidades del cambio. Pero se niega a la explicación de fondo que no es otra que el aclarar, realmente, qué es lo que se quiere con los contratos de “utilidad compartida”, con quiénes se realizarían y bajo qué condiciones.

El intento del gobierno por fincar su proyecto en la “herencia cardenista” no dio los resultados que se esperaban. Es posible que, al inicio del debate, algo se hubiera logrado. Pero al paso de los días, es claro que la estrategia no fue todo lo que se quería que fuera.

Ahora, el problema es doble. La izquierda enemiga de la reforma, ha logrado demostrar que el cardenismo está alejado del proyecto del gobierno. El PAN ha demostrado que el proyecto oficial es, en el mejor de los casos, totalmente insuficiente. Y el gobierno ha dejado en claro que no tiene una línea de comunicación realmente efectiva.

Así, el verdadero debate inicia a partir de hoy lunes. Una vez que el PRD aclare hasta dónde acompañará a Cuauhtémoc Cárdenas y que el hijo del general deje ver cual es la verdadera idea de su reforma, tendremos claro el eje de la discusión.

Y ello como aperitivo para la batalla que, en caso de aprobarse las reformas constitucionales, será el debate sobre las leyes reglamentarias respectivas: