Norberto de AquinoPor Norberto DE AQUINO

La operación política del gobierno en el tema de la reforma energética hace agua. Y mucho más rápido de lo que se había calculado. Suponer que con un golpe de imagen se podía arrinconar a los opositores y que desear que el debate fuera de acuerdo a sus proyectos sería suficiente para imponerse fue demasiado 9infantil. Y ahora, las consecuencias demandan medidas de emergencia a las que, tal vez, no se quería llegar.

Hace una semana, en el momento en el que el presidente Enrique Peña Nieto dio a conocer el proyecto de reformas a los artículos 27 y 28 de la Constitución, el gobierno tenía la sartén por el mango. Y pensó que para desarmar los embates de los rivales del proyecto bastaba primero, con apropiarse de la imagen de Lázaro Cárdenas y, después con evitar que la sociedad pidiera que la discusión fuera realmente de fondo.

El primer golpe del gobierno tuvo efecto. Pero se perdió muy rápido. La imagen de Cárdenas no le rindió frutos al gobierno. Muy rápido se perdió el impulso. Y los críticos y “nacionalistas”, pudieron recuperar la “propiedad” sobre el general.

Después, la ola mediática lanzada por el gobierno pudo crear una imagen adecuada al proyecto. Y mantuvo el debate sobre las líneas del artículo 27, en el cual se había recuperado “letra por letra” lo impulsado por Cárdenas,

Pero al paso de los días, la ofensiva mediática ha perdido impacto. Y ya son muchos los que se preguntan las razones por las cuales se quiere retirar de la Constitución la “exclusividad” del Estado en los renglones clave de la industria energética.

Además, Cuauhtémoc Cárdenas aparece ahora, como un rival serio del proyecto. No sólo rechaza la iniciativa oficial, sino que la señala de entreguista y de vía para abrir el sector energético precisamente a “quienes se les expropió” en el ’38.

A partir de ahora, el gobierno tiene ante sí un debate diferente al que pretendía. Quería el apoyo de

las izquierdas y todo lo que logró fue crear un frente, poco unido, pero políticamente obligado a caminar junto en contra del gobierno. Puede pensarse que esta situación ha colocado a Andrés Manuel López Obrador en una segunda posición, pero es claro que ese mismo punto obliga a Cárdenas a mantener una posición de rechazo absoluto al proyecto. ¿Habrá menos radicalismo? No se sabe, pero lo que está a la vista es que si se quería que al menos “una parte de la izquierda” apoyara el proyecto oficial, las posibilidades de que ello ocurra son ahora mínimas.

Por lo que se refiere al PAN, es obvio que respaldará al gobierno. Pero también lo es que el régimen tendrá que “pagar” a precios políticos muy elevados ese respaldo. El PAN pedirá y mucho, para dar los votos que el gobierno requiere. Y ello hasta que la presión en las calles se convierta en un problema serio. Cuando ese momento llegue, si llega, el PAN simplemente abandonará la aventura oficial y se refugiará en sus propias trincheras, elevando así, los costos que deberá pagar el gobierno.

Pero la peor parte podría aún no estar definida. Cárdenas quiere una consulta ciudadana. El gobierno dice que ello es ilegal. Pero ¿qué pasa si las oposiciones, especialmente las de izquierda, logran que la sociedad se interese en conocer el proyecto del gobierno de manera completa? Esto es, que se de a conocer el paquete de reformas secundarias para saber ¿qué es lo que el gobierno quiere, con quién lo quiere y para qué lo quiere?

Por lo pronto, es obvio que la estrategia oficial ha fallado en buena parte. Y a partir de ahora, podría no tener toda la iniciativa en las manos. Y ello, en buen romance, significa que alguien más la tiene. Y ello no necesariamente es lo que el gobierno buscaba.