Norberto de AquinoPor Norberto DE AQUINO

Mucho en la estrategia política del gobierno de Enrique Peña Nieto ha dejado de funcionar. Los fracasos son muchos y evidentes. Y lo que es mucho más serio, parecería que los encargados del manejo del escenario político parecen no darse cuenta de lo que sucede.

En una rápida mirada a lo sucedido en los últimos tiempos, quedaría a la vista el hecho de que, para el gobierno, lo importante no son los resultados en sí mismo, en el caso de que existan, sino el evitar que los partidos políticos de oposición abandonen el Pacto Por México.

Y es aquí en donde se originan los tropiezos de la administración federal, más preocupada por que la sociedad crea que hay una agenda política común, que por enfrentar realmente los problemas que agobian a los mexicanos.

Enrique Peña Nieto prometió, en campaña, un gobierno eficaz y de resultados. Y el arranque del gobierno hizo pensar que las cosas serían tal y como se habían prometido. Pero a nueva meses de arrancado el sexenio, los resultados no aparecen y la eficacia es puesta en duda, en el mejor de los casos.

El Pacto fue utilizado por PAN y PRD como instrumento de chantaje en contra del gobierno. Los resultados electorales quedaron en el olvido y aquellos que resultaron vencidos en las urnas, se convirtieron, por obra y gracia de la necesidad del gobierno por parecer democrático, en los dueños reales del poder.

Así, presionar en torno a las elecciones en Baja California y evitaron que el proceso que se decidió en favor del PAN, fuera llevado a los tribunales para determinar, bien a bien, el resultado de los comicios. Y lo que en un principio fue un festejo para el PRI, terminó en una seria humillación política para el partido en el poder.

En ese mismo proceso, en juego posiciones locales en la mitad del país, las oposiciones pusieron en juego todo tipo de acusaciones y ataques al gobierno y al PRI, hasta que lograron que Enrique Peña

Nieto decidiera detener la aplicación de los programas sociales, especialmente la cruzada contra el hambre, con lo que, se acepte o no, se dañó a la población más necesitada sólo para favorecer intereses político electorales de los partidos minoritarios.

Al mismo tiempo, el Pacto, que en su inicio fue presentado como la “llave maestra” que conduciría al país a la aplicación de los programas y reformas necesarias para el desarrollo, fue modificado para satisfacer a las oposiciones, con lo que se demostró que, en el mejor de los casos, el Pacto resultaba insuficiente desde su planeación.

Llegó más tarde el tema de los grupos de autodefensa. Y el gobierno aceptó negociar con esas organizaciones, en una decisión que sin mas, significaba negociar la ley.

Ahora, la operación política para sacar adelante la reglamentación de la reforma educativa ha dado pie a todo tipo de movilizaciones y no hay una posición clara y firme del gobierno. Se acepta negociar, antes que consolidar las promesas.

Algo en la estrategia política del gobierno no funciona. ¿Cómo se aceptó poner tantos temas en la mesa de los debates si todo mundo sabía que ello provocaría tensiones innecesarias? ¿Quién decidió intentar negociar con la CNTE y quién decidió que la orden del día en la Cámara de Diputados fuera modificada para congelar una de las tres iniciativas en la agenda educativa? ¿Quién no entendió que el de la CNTE no era un problema de mesas de acuerdos?

Alguien decidió sacar en estos momentos el anuncio de la caída en la economía a sabiendas de todo lo que implicaría en el terreno político.

Ello en conjunto, deja ver que no hay claridad en los tiempos y temas. Salvo que el objetivo final y único sea tan sólo, crear tensiones para que alguien de “gran capacidad” pueda “resolverlas” con un acto político especial.