Norberto de AquinoPor Norberto DE AQUINO

El gobierno de la ciudad de México ha demostrado, en los nueve meses de gestión que lleva, su enorme incapacidad y su desmedido afán por evadir todo tipo de responsabilidad ante los muchos problemas que agobian a la capital de la República.

Miguel Mancera se encuentra agobiado por sus propias trampas. Y arrinconado por el desastre político que para su administración significa el caos provocado a ciencia y paciencia de su gobierno, por la guerra de manifestaciones desatada por la CNTE.

En mayo pasado, sin mayor problema para los delincuentes, un grupo de jóvenes de Tepíto, fue secuestrado sin que nadie pudiera aportar información de ninguna especia. Y fueron los familiares los que dieron a conocer los hechos que la autoridad capitalina simplemente quería ignorar.

Ante los hechos, el señor Mancera decidió que nada grave sucedía y rechazó con todo el peso de su autoridad lo que para todo mundo resultaba evidente: la presencia de cárteles en el Distrito Federal.

Miguel Mancera negó en todos los tonos posibles, que la delincuencia organizada tuviera algo que ver con lo sucedido a los jóvenes tepiteños y habló de muchas cosas, que a final de cuentas no se cumplieron.

El gobierno del DF esperó que el tiempo cubriera la incapacidad de sus autoridades. Pero una investigación de la PGR en el Estado de México terminó en el descubrimiento de una fosa clandestina en la que se encontraron los cuerpos de los jóvenes desaparecidos en mayo. Lo que Mancera calificó como “ausencias”, es ya gracias a las autoridades federales, un crimen que, diga lo que diga el gobierno capitalino, es una acción de delincuencia organizada.

Así, la incapacidad de las autoridades del Distrito Federal para proteger a los ciudadanos quedó de manifiesto. Tanto como había sucedido ya con el asesinato en Garibaldi, del nieto del activista estadounidense Malcom X, el cual puso en claro la enorme corrupción que existe en todo lo que es el mercado de los antros, el alcohol y el sexo.

Para la mala suerte del señor Mancera, el hallazgo de los cadáveres de los jóvenes desaparecidos en mayo pasado, sucede justo en el momento en que la ciudad capital se ha convertido en rehén de los maestros agrupados en la CNTE que luchan contra la reforma educativa.

Miguel Mancera se ha dedicado a pregonar que su gobierno ha evitado el derramamiento de sangre y la violencia.

Y ello es simplemente, una mentira

Habría primero, que preguntar al señor Mancera ¿qué es lo que entiende por violencia?

Es obvio claro, que hasta el momento, no hay sangre, pero ello está lejos de significar que se haya evitado la violencia.

¿No es violencia contra los ciudadanos el secuestro aún cuando sea por horas, como sucedió con todos los legisladores y trabajadores que quedaron atrapados en el edificio del Senado cuando los maestros de la CNTE les impidieron la salida? ¿No es violencia contra los ciudadanos que la autoridad del DF ordene a la policía simplemente acompañar a los maestros en todo lo que ellos quieran hacer, sin importar si es ilegal?

¿No es violencia el permitir que los maestros con sus manifestaciones provoquen daños en inmuebles, como la Cámara de Diputados, o que causen pérdidas millonarias a comercios? ¿No es violencia el no actuar para impedir que los maestros realicen manifestaciones y con ellas provoquen que cientos de pasajeros pierdan sus vuelos?

Para el señor Mancera ¿no es violencia el hecho de que los maestros impidan o traten de hacerlo, el trabajo del uno de los Poderes de la Unión?

Las respuestas parecen obvias. Pero no debe olvidarse que para el gobierno del Distrito Federal, una alianza política vital es aquella de los sectores de izquierda. O de lo que sea que se haga llamar así.

Y la CNTE es uno de esos sectores.