Norberto de AquinoPor Norberto DE AQUINO

Es evidente el cambio de estrategia en el gobierno, en busca de una recomposición de los escenarios políticos, justo antes del I Informe de Gobierno de Enrique Peña Nieto. Pero la pregunta es si se logrará a tiempo, recuperar el terreno perdido en las dos últimas semanas.

Los cambios de señales en el gobierno que obligaron al Congreso a
detener el avance en la reforma educativa y la falta de resultados en la búsqueda de los acuerdos necesarios para contener de manera adecuada a los opositores como la CNTE, llevaron a una caída en la imagen de la administración federal y dieron pie a la idea de debilidad y indecisión en el equipo presidencial

Ante semejante situación, el gobierno decidió regresar sobre sus pasos para buscar una ruta alterna que le ayudara a resolver el “atorón” político y al mismo tiempo, a solucionar al menos en parte, el daño sufrido por el gobierno.

Pero el problema no se resolverá tan sólo con un cambio de estrategia que no deja de ser sólo un movimiento de imagen, ante la proximidad del informe presidencial. El problema requiere se quiera o no, de un análisis mucho más complejo y serio, mediante el cual se llegue a determinar, con precisión, qué fue lo que en realidad fracasó en todo este problema de las reformas estructurales.

El gobierno arrancó de una manera impresionante su gestión. Pero al crear el Pacto por México dio vida a un instrumento de presión para que las oposiciones, fundamentalmente el PAN, cobraran una fuerza que la sociedad le había negado en las urnas.

El gobierno no entendió el problema. Y lejos de ello, aceptó una y otra vez, los chantajes políticos de los partidos minoritarios a cambio de mantener vigente al Pacto.

El problema se incrementó al momento en el que el gobierno concluyó que el Pacto representaba a todas las fuerzas políticas en el país. Y confiado, inició los trámites para poner en marcha la parte complementaria de la reforma política y al mismo tiempo, anunciar el arribo para la parte final del año, de las reformas hacendaria, fiscal y energética.

Pero la confianza del gobierno lo que en realidad logró fue impedir que se entendiera la realidad política del momento. Y así, colocar en una “misma canasta” la totalidad de las reformas y al mismo tiempo, ignorar la necesidad del trabajo político para alcanzar los consensos necesarios, dio como resultado una creciente tensión política y social que en sus primeras escaramuzas, llevó a detener la parte importante de la ley reglamentaria en materia de educación.

Por ello, lo importante para el gobierno no es buscar recuperar la imagen perdida, sino entender las razones por las que esa imagen se perdió. De poco valdrá colocar los esfuerzos en el impacto mediático del I Informe de Gobierno del próximo día 1o de septiembre, si las causas que provocaron la caída se mantienen intactas.

Para el gobierno parece vital determinar las causas por las que se decidió poner todos los temas en la mesa de debate al mismo tiempo.

O encontrar las razones por las que el fracaso de la política económica para el presente año fueron lanzadas a la opinión pública justo en el momento en que las oposiciones podían sacar mayores ventajas ventajas en sus ataques al gobierno. O definir las causas por las que, la evidente falta de comunicación en las esferas del gobierno terminó con un enredo que sólo causó mayores daños a la estrategia en favor de las reformas.

El gobierno puede encontrar rutas de “impacto” para dar “fuerza” al Informe de Enrique Peña. Pero sí la estrategia busca solo eso, en poco tiempo podríamos tener un nuevo frente de batalla social.
Y los temas fiscal y energético podrían sufrir más de lo esperado. Y el gobierno con ellas