Por: Javier Divany Bárcenas
La guerra entre refresqueras y asociaciones de lucha contra la obesidad, la diabetes, hipertensión, males cardiacos, parece estar muy dispareja en México, en donde los organismos no gubernamentales no encuentran el eco suficiente de las autoridades como el de la secretaria Mercedes Juan López, titular federal de la Secretaría de Salud.
El bombardeo publicitario es aplastante de las compañías refresqueras contra una simple y mal dirigida conferencia por parte de Alianza por la Salud Alimentaria, que congrega a organismos como El Poder del Consumidor que dirige Alejandro Calvillo y la Organización Contrapeso que comanda Luis Manuel Encarnación, quienes aseguran que hay emergencia nacional de salud, por los males de la diabetes y la obesidad.
El problema de todo este enfrentamiento es el consumo de refrescos, donde México ocupa el primer lugar mundial, y por consiguiente el primer sitio en diabéticos y obesos, tanto en la población adulta como infantil, dato en el que hemos superado a los Estados Unidos.
Las cifras de Alianza por la Salud Alimentaria obtenidas en su
segunda Encuesta Nacional sobre Obesidad, sobre la percepción ciudadana en el tema de consumo de refresco son interesantes, pero que quizá no impacten a la sociedad al sólo tratarse de 1,500 personas las encuestadas de 120 millones de mexicanos.
En el país 79 por ciento de la población consume refresco y el 91 por ciento de los hijos de los encuestados son consumidores de estas bebidas carbonatadas y azucaradas, y los estados que más consumen son Guerrero, Chiapas y Oaxaca, las más pobres del país.
La preocupación es válida por parte de Alianza por la Salud Alimentaria, pero mal dirigida informativamente, o con poco interés de quienes deben ser los responsables de evitar el avance de la epidemia nacional de diabetes por consumo de refresco, como es el Congreso de la Unión, las comisiones de salud del Senado, Diputados y Asamblea Legislativa, pero sobre todo el sector Salud (IMSS, ISSSTE, Salud DF).
Son urgentes y obligadas campañas en contra del consumo de refresco en todo el país y aquí están obligadas todas las instituciones, para promover y contrarrestar la publicidad poderosa y millonaria de las refresqueras, quienes con unos de esos fajos verdes pagados algún medio masivo de comunicación apaga como agua de balde frio las intenciones de atacar su mercado.
Lo más a lo que ha llegado Alejandro Calvillo es a la campaña contra la refresquera Coca Cola, de la que señala que tomar una de sus bebidas de 600 gramos es como tomarse 12 cucharadas de azúcar, pero de inmediato contrarrestó en la televisión y la compañía americana, habló a su público sobre la importancia de tener en cuenta los métodos nutricionales y que ahí estaban ellos con Coca Cola.
La senadora del PAN Marcela Torres Peimbert ya cuenta con una iniciativa en la Cámara Alta, para incrementar los impuestos a los refrescos, de tal manera que se puedan llevar a cabo acciones en la lucha contra la diabetes.
De los encuestados por Alianza los resultados señalan que sería importante subir entre 5, 6 o 10 pesos los refrescos, que inhibiría su compra, pero para El Poder del Consumidor sólo bastaría el 10 por ciento de lo recabado de los impuestos pagados del 20 por ciento de los refrescos (en caso de autorizar este aumento), para instalar 120 mil bebederos de agua potable en las escuelas del país.
El monstruo refresquero vuelve a ser de las suyas, y para apagar esta idea de los bebederos en las escuelas lanza al mercado el negocio de las agüitas embotelladas, que está resultando atractivo y jugoso. Por lo que será más fácil ignorar que prohibir.
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