Por: Norberto DE AQUINO
Hace nueves meses, al momento de asumir la Presidencia de la República, Enrique Peña Nieto tomó una ruta que al paso de los meses, le ha resultado políticamente costosa.
A pesar de que para muchos de sus allegados, resultaba no sólo lógico, sino obligado el presentar ante la sociedad el estado real de la República después de doce años de administraciones panistas, Peña Nieto optó por una línea diferente. Quería un clima político más amble, aún cuando para ello dejara en la opacidad, muchas cosas que hoy han estallado.
El problema para el nuevo gobierno fue que el análisis hecho no sólo no se ajustó a la realidad, sino que los panistas pensaron que los hombres del gobierno les tenían miedo. Y las cosas se entramparon.
Enrique Peña Nieto y su equipo le dieron al Pacto por México un valor que nunca alcanzó en la práctica, por más discursos que se presentaran en contrario. Si es cierto, permitió un arranque espectacular en lo que es la apariencia. En la práctica, el PAN detuvo reformas de EPN incluso antes de que el régimen iniciara.
Y el gobierno, con la idea de que el PPM valía cualquier cosa, entró en una espiral descendente que no se quiso entender. Además de que, de manera silenciosa, pero irremediable, se convertía ya no en protector de todos los errores de los gobiernos anteriores, sino en responsable directo de todo lo que no se había o de lo que se había hecho, pero mal.
El gobierno refirió callar a explicar la realidad de la economía. Guardo silencio en el caso del crecimiento brutal de la deuda, lo mismo interna que externa, y no dijo nada sobre la forma en que se dilapidaron miles de millones de dólares provenientes del petróleo y que fueron dedicados, entre otras muchas cosas, al crecimiento bestial de las posiciones de primer nivel, en la administración pública.
El nuevo gobierno se quedó callado antes que entrar en detalles sobre la realidad de la violencia en el país y aún cuando se realizaron algunas críticas y se dejó correr otras, nada se dijo de la forma en que el aparato de justicia se utilizó para venganzas personales o para cuestiones de corte político electoral.
Ahora, a nueve meses de iniciado la actual administración, la economía se encuentra en el suelo. Y
el culpable es el gobierno de Enrique Peña Nieto. Los errores cometidos por el nuevo equipo en Hacienda tienen mucho que ver con el pasado reciente. Pero como nada se explicó en el momento oportuno, hoy no hay más responsables que los que están en el poder.
Otro tanto sucede en el terreno de la delincuencia. O de los conflictos laborales. O de la producción. En diciembre pasado se optó por la búsqueda de una alianza política, y hoy la alianza se encuentra en su peor momento y a punto de pasar a mejor vida, y los logros que se querían no se encuentran por ningún lado.
Ese es el escenario que enfrentará Enrique Peña Nieto cuando haga el resumen de su primeros meses en la Presidencia de la República. Podrá hablar de muchas cosas, pero difícilmente podrá encontrar las respuestas en el pasado. La verdad es que la estrategia de no enfrentar al pasado con la realidad del momento en que asumió el poder, resultó un fracaso.
El PAN al que no se quiso cuestionar, es el mismo PAN que hoy chantajea al gobierno en todas las ocasiones posibles. Es el mismo grupo que regateó las reformas que se consideraron necesarias para el inicio del gobierno. Es el mismo que supone que tiene en las manos la fuerza para obligar al gobierno a tomar las rutas que mejor le convenga al PAN, que no al país.
Hoy ya no se puede hablar del pasado. Se puede encontrar respuestas al problema, por ejemplo, de Pasta de Conchos, pero todo quedará en el terreno de las venganzas y no en el terreno de la transparencia. Se puede explicar el problema de la deuda, pero no las razones por las cuales se guardó silencio hasta que el nuevo gobierno cometió sus propios errores.
Enrique Peña Nieto enfrenta su I Informe de Gobierno. Y lo hace con la obligación de asumir las responsabilidades que no entendió de manera adecuada, en diciembre pasado.

