Norberto de AquinoPor: Norberto DE AQUINO

Con la tensión provocada por la lucha en torno a las leyes reglamentarias en materia laboral dentro del sector educativo, el gobierno se prepara para entrar en un nuevo campo de batalla, ahora en el terreno financiero. Y por lo visto, la estrategia para el nuevo frente, será la misma que se aplicó para la contienda educativa. Con todo y los mismos errores.

Lejos de los problemas derivados de la resistencia de los maestros, pero ante los hombres del poder en el mundo, el presidente Peña Nieto habló en Rusia de las reformas que se avecinan para el país. Y como hizo ya con la reforma energética, habló más allá de los beneficios que nos esperan, de lo que lo ha hecho acá.

Pero el problema de fondo para el tema económico, es que el gobierno ha jugado tanto con dados cargados, que en el terreno de la credibilidad parece haber perdido un buen trecho.

Para nadie es un secreto que el gobierno decidió congestionar el trabajo legislativo en la parte final del año, debido a que los primeros meses de la administración no resultaban “adecuados” para debatir temas educativos, energéticos o fiscales.

Y no resultaban el mejor momento, debido a que los primeros meses sirvieron de marco para una batalla electoral en la que se modificarían los Congresos en casi la mitad de la República. Y es muy sencillo entender que el gobierno federal no quería correr el riesgo de que, a causa de las presiones del magisterio, o del tema de la privatización de PEMEX, el PRI pudiera perder esas elecciones. Y con una derrota así, se perdiera cualquier posibilidad de una reforma constitucional.

Pero al librar el tema de las elecciones, el gobierno redujo al mínimo los tiempos legislativos. Y ahora, en los famosos “120 días de Peña”, se tienen que aprobar todas las reformas de corte económico y delato impacto político, como las citadas líneas arriba.

Para el gobierno resulta muy sencillo hablar en el extranjero de las “bondades” de las reformas. Pero en lo interno, no hay quien explique las razones por las cuales dichas reformas son realmente

necesarias.

En cambio, esos comentarios si ponen en alerta a quienes se oponen a los cambios. Y avisan qué es lo que se debe analizar para el debate.

El paquete financiero que se avecina y que no será, digan lo que digan los voceros oficiales, nada agradable para la población enfrentará dos líneas de choque.

La primera, que podrían ser la más fácil de vencer, por más que obligará a muchas discusiones, es la que conforman los propios legisladores del PRI que no están del todo de acuerdo con los cambios que se promueven desde el gobierno.

Y la segunda, a querer o no, será la presión que se pueda instrumentar en las calles.

El gobierno, como es tradicional, acabará por presionar a sus legisladores, aún cuando es posible que acceda a pequeñas modificaciones en sus propuestas.

No obstante, el reto de la calle será un poco más complejo. Para este domingo se ha puesto todo para que Andrés Manuel López Obrador camine lo más sólo posible. La dirigencia del PRD, entregada totalmente al gobierno, no estará en su marcha. Y Cuauhtémoc Cárdenas, en lucha más por el poder dentro del PRD que en defensa del petróleo, quiere tener las banderas, pero sólo para negociar con el gobierno.

Sin embargo, las cosas podrían no resultar como el gobierno espera.

La CNTE parece haberse fracturado. Y una parte marchará con AMLO. Y se espera que otras agrupaciones hagan lo propio. Pero, ¿qué pasa si marcha realmente es de impacto? Y ¿qué pasa si al paso de las semanas, las universidades se suman al movimiento?

El “congestionamiento” en el Congreso puede resolverse con votos. Pero ¿con votos se resuelve la presión en las calles, especialmente cuando es obvio que el problema magisterial no se pudo resolver del todo a pesar de ser mucho más suave que el petrolero?

Nos esperan días complicados. Y de decisiones. Decisiones que hasta el momento ni siquiera se han analizado debidamente, a pesar de todos los riesgos que se tienen en el campo político.