Por Norberto DE AQUINONorberto de Aquino

El país ha entrado en la ruta de las definiciones para el futuro. Y curiosamente, para hacerlo ha retomado las discusiones que en la parte final del sexenio de Carlos Salinas de Gortari quedaron pendientes.

A partir de ayer, las líneas de actuación están más que definidas. De un lado, el gobierno y todos los que respaldan la idea de que las llamadas reformas estructurales son fundamentales, especialmente la energética.

Del otro lado, se encuentran los que consideran que es posible entrar de lleno en el camino de los cambios, sin necesidad de abrir la puerta de los energéticos a los capitales privados, sean nacionales o no.

Y es aquí en donde el viejo tema cobra vida. El debate sobre el petróleo y en general las fuentes de energía, está lejos de ser algo novedoso. Es más, es tan viejo como la nacionalización del petróleo.

Y cabe recordar que en el sexenio de Carlos Salinas, el tema formó parte no sólo de los debates internos, sino que al momento de iniciarse la negociación del Tratado de Libre Comercio, la posibilidad de las modificaciones constitucionales para crear la posibilidad de la llegada de capitales privados a PEMEX fue el centro de enormes debates.

Estados Unidos puso sobre la mesa el asunto de la migración, la cual se ofreció, sería para los mexicanos algo mucho más sencillo de tramites y de alcanzar. Pero México tendría que abrir sus riquezas energéticas.

Las condiciones internas no permitieron grandes avances en la discusión. Y Estados Unidos simplemente redobló sus controles fronterizos. La migración se convirtió en un foco de problemas bilaterales constantes y crecientes. En la actualidad, el Congreso de los Estados Unidos tiene en su agenda, el tema de la migración. Y el gobierno de México está a punto de poner ante el Congreso,el tema de la apertura constitucional para tolerar la llegada de capitales privados y extranjeros, a todo el

sector energético.

Con este marco como referencia, lo sucedido ayer tiene que ser visto como parte de un problema nada nuevo. Es, en el mejor de los casos, el retomar viejos debates, pera hacerlos pasar como algo novedoso.

El problema sin embargo, es que el tema estará contaminado, no sólo por su importancia obvia. Tendrá la carga política que le añade el asunto de la llamada reforma educativa, tanto como los anuncios de nuevos impuestos y mayores costos para el ciudadano, antes de que los beneficios se dejen sentir.

Ayer Andrés Manuel López Obrador fue bastante claro en el tema. Abrir PEMEX es un acto de traición y elevar impuestos es una agresión a la sociedad.

Por su parte, el gobierno habla de las reformas hacendarias y promete grandes beneficios, pero la mayor parte de ellos serán a largo plazo. Y tiempo podría ser un elemento del cual el gobierno no tiene mucho para disponer.

Queda de igual manera, la presión del PAN para poner en marcha una nueva reforma política, antes de dar su apoyo a las iniciativas oficiales.

Así, el problema es que los intereses particulares se apoderan de la agenda. Y la discusión y aprobación de las reformas, queda atrapada en esa telaraña de afanes particulares.

Es por ello que de todo lo sucedido ayer, lo que se debe tener en cuenta son las posiciones y los antecedentes, más que las palabras. Después de todo, la discusión será compleja y cargada de medias verdades y grandes mentiras. De parte de todos.