Por Norberto DE AQUINO
Los elogios vertidos en torno a la reforma hacendaria no han sido suficientes para ocultar un par de aspectos que, sin lugar a dudas, habrán de ser causa de importantes debates.
De entrada, es claro que la famosa reforma no alcanzó los niveles prometidos. Y que discursos aparte, resultará insuficiente para alcanzar todas las metas que se manejan. Y bajo esa situación, tenemos que, de nueva cuenta, el balance político pudo más que las promesas económicas.
La parte simple y de sobra presentada ante la opinión pública, recae en lo que se ha presentado como la “reforma social”, que no es otra cosa que el seguro de desempleo y la seguridad social. Metas que por supuesto, son importantes, pero que se encuentran aún, en la parte lejana del horizonte.
Por lo demás, habría que recordar que, supuestamente, todas las acciones del gobierno, especialmente en lo que a proyectos que se someten al Congreso respecta, tienen, o deberían tener, un objetivo social.
Así, tratar de vestir a este proyecto con ropajes de beneficio social ayuda a crear la imagen de que hay decisiones oficiales que no tienen ese objetivo, lo cual obviamente, resulta negativo para el propio gobierno.
Pero detalles aparte, y con la idea de que el proyecto servirá para poner en marcha la maquinaria de desarrollo del país, habría que preguntarnos las causas por las que el proyecto resultó ser “menor” a lo que se había hecho creer.
Si bien es cierto que el gobierno nunca oficializó las cosas, también lo es que dejó que algunas ideas fueran registradas por la ciudadanía para “conocer el pulso” de cada punto.
Al final del proceso, el proyecto presentado deja de lado la adecuación del IVA, por más que todo mundo sabe que esta es una medida urgente para gravar el consumo. Claro que se maneja el tema de la protección de los que menos tienen, pero debe recordarse que fue el propio gobierno el que dio vida a la idea de las modificaciones a este impuesto cuando, en marzo pasado, obligó al PRI a una
modificación de sus documentos básicos para poder respaldar una acción en este terreno.
Al dejar el IVA en las condiciones actuales, el gobierno evita el costo político de las reacciones sociales de sectores que hoy se muestran molestos por la reforma educativa. Así, se optó por no provocar más reacciones, por más que ello detenga, de muchas maneras, la velocidad del cambio en el país.
El otro aspecto que llama la atención es el hecho de que, se recuerde o no, fue el priísmo el que no perdió la oportunidad para cuestionar el proceso de endeudamiento seguido en los gobiernos del PAN, especialmente en el de Felipe Calderón.
Pero es el PRI el que ahora tendrá que apoyar un proceso similar.
El gobierno de Enrique Peña Nieto prometió para este año, un déficit cero. Pero como esta medida ha llevado a una situación financiera que muchos califican ya como recesiva, habrá una medida contra cíclica que modificará esa meta.
Para el año próximo y como parte de las acciones para alcanzar todas las metas ofrecidas, el gobierno habla de un déficit cercano a los 2 puntos del PIB. Y ello significa contraer deuda. Y no será una deuda menor. Además de que los cientos de millones de pesos que se conviertan en compromisos nuevos, deberán sumarse a las pavorosas cantidades que tenemos como deuda, lo mismo interna que externa.
El proyecto es apenas una idea. Queda un camino complejo por recorrerse. Y es obvio que mucho de lo que hay en el pape, está destinado a ser modificado. Para eso se colocó ahí. Por ello establecer ideas absolutas resulta inadecuado.
Pero la idea evidente es simple. La reforma quedó corta. Y a lo largo de la discusión podría aparecer algo del “qué y quiénes” fueron los que se opusieron a un proyecto más importante y el cómo fue que lograron detener el impulso del gobierno.

