Por Norberto ADE AQUINONorberto de Aquino

Uno de los más importantes efectos del desalojo del Zócalo realizado la semana pasada, es el de la caída evidente, del gobierno del Distrito Federal. En algo más de veinte minutos, las autoridades federales demostraron que los discursos de Miguel Angel Mancera, titular del gobierno capitalino, fueron, en el mejor de los casos, una vía de escape, más que el reflejo de la realidad.

El jefe del gobierno del Distrito Federal, se llenó la boca para pregonar a los cuatro vientos, que no se utilizaría el peso de la autoridad para liberar al Zócalo o para controlar las manifestaciones.

Mancera, para justificar su incapacidad, temor o complicidad, o todo junto, habló siempre de la necesidad de evitar un baño de sangre. Presentó las cosas de manera tal que la disyuntiva corría siempre, entre la violencia con costos elevados de sangre, o la paciencia y sacrificio de los capitalinos destinados a ser víctimas de los plantones y manifestaciones.

En el momento en el que las autoridades federales decidieron que se tendría que utilizar la fuerza, el gobierno de la ciudad de México se convirtió en un convidado de piedra. Pero además, en una autoridad muy menor, misma que desconocía el tamaño del problema o carecía de propuestas reales para alcanzar la solución.

El discurso de Mancera en pos de negociaciones y acuerdos quedó rebasado por la realidad. Y parecía más un apoyo para los maestros en lucha, que una auténtica autoridad en busca de una respuesta efectiva a las demandas de las mayorías.

Cuando la policía federal tomó bajo su control las acciones para desalojar el Zócalo, la autoridad en el Distrito Federal dejó prácticamente de existir. Al momento de las determinaciones serias, de gran alcance y de inteligencia obligada, el gobierno del DF no tenía nada que aportar.

Si la policía federal fue capaz de realizar un desalojo en el Zócalo sin problemas realmente serios, la pregunta tiene que dirigirse al gobierno del señor Mancera para que explique las razones reales por las cuales fue incapaz de hacer lo propio mucho antes y de manera igualmente efectiva.

Por supuesto, queda claro que el uso de la fuerza siempre deja abierta la puerta para nuevos enfrentamientos. Pero la inactividad y pasividad con la que el gobierno de la ciudad de México enfrentó el caos creado por caso un mes por la CNTE, deja ver que al Señor Mancera y a su equipo les falta mucho para realmente, poder enfrentar un gobierno tan grande como el que tienen en las manos.

Los tropezones del gobierno capitalino son muchos y variados en los algo más de nueve meses que tiene de iniciado.

Se podría recordar por ejemplo, el ridículo que las autoridades hicieron con el caso de los perros asesinos. O el silencio e inacción en el problema de los delegados acusados de extorsión. O el asesinato del nieto de Malcom X en Garibaldi, cuyo esclarecimiento se presumió con la detención de un par de meseros, cuando lo que se puso en evidencia fue una red de corrupción tan grande que nadie puede olvidar lo sucedido.

Queda también el asunto de los “ausentes” en el caso Heaven, resuelto por las autoridades federales ante la incapacidad de los investigadores del Distrito Federal, para terminar, por el momento, con el reto planteado por los maestros que tan fácilmente postró al gobierno capitalino.

El desalojo en el Zócalo demostró que Miguel Angel Mancera elabora discursos como disculpa a su incapacidad para hacer cumplir la ley.

Y por supuesto, ello obliga a tratar de entender qué es lo que sucederá en la ciudad de México si en verdad los maestros deciden intentar un reacomodo en el Zócalo.

Ya Mancera pide que se den a conocer los acuerdos entre CNTE y autoridades federales. Pero en tanto le hacen caso o no, sus palabras lo que ponen en claro es que, dada sus fallas en todos los niveles, al momento de los pactos y negociaciones ni siquiera fue tomado en cuenta.