Por Norberto DE AQUINO
Oculto por los efectos del desastre natural que enfrenta el país, el debate en torno a la reforma fiscal ha cobrado fuerza. Y el gobierno federal tendrá que analizar con cuidado, todos los retos que el proyecto plantea no sólo para su aprobación, sino para su consolidación.
Para nadie es un secreto que la reforma ha puesto al empresariado nacional en contra del gobierno. Y las críticas a la iniciativa son, en verdad, demostrativos de que, dígase lo que se diga, la negociación en este campo, fue en el mejor de los casos, inútil.
Pero los problemas para el gobierno no se encuentran sólo en el sector que se presenta como el más afectado. La reforma fiscal enfrenta problemas de todo tipo. Y muchos de ellos dejan ver que a la hora de la elaboración, se pensó en ciertas cosas que al momento de presentar el proyecto simplemente se anularon.
La iniciativa ha logrado diferentes impactos. No todos positivos. Y varios de ellos totalmente ajemos a lo que se podría pensar, el interés del gobierno.
Así, habría que recordar que el partido que siempre se mantuvo contrario a la idea del aumento en el IVA, lo mismo que fue enemigo abierto de la idea de llevar ese impuesto a medicamentos y alimentos. Del mismo modo, fue el PRI el que se declaró en contra de una posible reforma energética y el que ratificó su convicción nacionalista en la materia.
Sin embargo, el gobierno obligó a los priístas en marzo pasado, a modificar sus documentos básicos y con ello a sumarse al proyecto oficial para elevar el IVA y para impulsar una reforma energética. Pero algo en los meses que corren de marzo a los finales de agosto modificó la visión oficial. Y a pesar de tener el escenario listo para sacar en el Congreso ambos proyectos, uno ya fue totalmente rechazado y el otro se encuentra apenas en espera de su presentación en sociedad.
El gobierno perdió la oportunidad de avanzar realmente con una reforma más amplia y profunda. ¿Qué fue lo que se lo impidió?
Otro efecto no positivo de la reforma es el rechazo de las clases medias. Y por más silenciosa que pueda ser, es claro que ello eleva los niveles de tensión social en el país.
Sin embargo, uno de los daños más serios de la reforma fiscal para el PRI es el hecho de que, a estas alturas, ha perdido mucho de la confianza de los empresarios. Al menos de una importante parte de ellos. Y el otro es que, aún cuando no se reconozca, el proyecto presidencial ha servido, curiosamente, para unificar a los panistas. El menos en este punto.
Apenas se presentó el proyecto, la dirigencia nacional del PAN se deslindó del mismo. En cuestión de horas, había derrotado la idea de poner IVA a las colegiaturas. Creó la plataforma ideal para que el discurso de todos los representantes de Acción Nacional, fuera el mismo. Y por supuesto, cargado de críticas al gobierno. Del mismo modo, ese discurso tiende a demostrar que, a pesar de todo, los dos gobiernos del PAN fueron buenos ya que no elevaron impuestos.
Dicho de otra manera, la reforma fiscal del gobierno no es la solución a los problemas, pero sí ha servido para que el PAN encuentre una ruta de tránsito común que si bien no servirá para acabar con sus problemas internos, si ha permitido un frente único en un tema importante.
A ello, por supuesto, deberá añadirse el hecho de que los empresarios no sólo se encuentran molestos con el proyecto, sino que han iniciado una batalla en la que desean se hable de transparencia y claridad en los proyectos.
La batalla aún no ha terminado. Y salvo algún imprevisto, es claro que la reforma transitará.
La duda radica en el hecho de saber si los beneficios de la reforma serán lo suficientemente fuertes como para resistir los embates de los quejosos y si claro está, ello llegará justo a tiempo para las elecciones del 2015.

