david lopez cardenasAyer se conmemoró un aniversario más del terremoto de 1985 en la Ciudad de México. Hace 28 años, en el marco de aquella tragedia, destacó la capacidad de reacción y organización de la sociedad civil ante el desastre.

Para muchos, la participación solidaria de la ciudadanía durante aquella contingencia superó considerablemente la actuación de las autoridades, quienes evidenciaron no estar preparadas para reaccionar ante un fenómeno natural de consecuencias catastróficas.

Hoy el país se encuentra nuevamente resintiendo los efectos nocivos de dos fenómenos naturales de carácter climatológico. Con la llegada de la tormenta “Manuel” por las costas del Pacífico, así como el huracán Ingrid por el Golfo de México, las afectaciones son graves y en un gran número de comunidades del país.

A diferencia del 85, en esta ocasión la reacción de las autoridades fue rápida. Ante la gravedad de los informes que detallaban la devastación que los fenómenos dejaban a su paso, el Presidente Enrique Peña Nieto se disculpó de los invitados a la cena con motivo del grito que conmemoró el 203 aniversario de la independencia, con la finalidad de atender la contingencia.

También fue rápida la llegada de miembros del Gabinete a cada una de las Entidades en las que Ingrid y Manuel dejaron devastación, damnificados e incluso pérdidas humanas.

La estrategia del gobierno de censar el daño en las viviendas y atender sin intermediarios a los damnificados fue bien recibida y me parece que es una buena manera de combatir la dañina cultura de lucrar con la tragedia, tan arraigada en nuestro país.

Finalmente las visitas del Presidente a algunas de las zonas afectadas, pero sobre todo la decisión de suspender su gira internacional por Nueva York, son indispensables muestras de sensibilidad ante la indescriptible situación que lamentablemente viven tantos compatriotas.

Es cierto que la actuación del gobierno denota que hemos aprendido de errores históricos ante las tragedias, sin embargo también deja claro que hemos hecho muy poco en materia de prevención y aplicación de la ley en cuanto a los asentamientos irregulares.

Por su parte, ante el enorme reto que implica la recuperación por venir, la sociedad civil tiene ante sí la posibilidad de hacer la diferencia como lo hizo después de aquel inolvidable terremoto.

– PUNTO FINAL. Lamentable que estudiantes de la UNAM y de la UAM se sumen a la causa perdida de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación en contra de la reforma educativa.

Pareciera que están más preocupados por defender los incomparables privilegios de los pseudo maestros que por prepararse y aprovechar las oportunidades que ofrece la reforma ya promulgada, tal como lo es la posibilidad de convertirse ellos mismos en docentes sin haber estudiado en una Escuela Normal.

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