Por Norberto DE AQUINO
Poco a poco, pero de manera evidente, la estructura del Pacto por México se cuartea. Los aliados del gobierno dentro del PAN y el PRD encuentran cada vez más problemas para poder mantenerse en la línea de las alianzas. Y los tiempos se agotan y obligan a definiciones harto difíciles.
El ejemplo más claro de lo anterior es sin duda alguna, la reforma energética. El proyecto aún no acaba de aparecer en público y es ya, la causa de las fracturas en el Pacto y en el seno de los partidos que como oposiciones, decidieron marchar de la mano del gobierno de Enrique Peña Nieto.
Dentro del PRI aún cuando no se diga oficialmente, hay muchos que no están de acuerdo con la idea de la reforma. Dentro del PRD el rechazo es abierto y la dirigencia partidista se encuentra bajo fuego interno por su alianza para con el gobierno. Y en el PAN, la reforma es motivo del nuevo chantaje. Si el gobierno quiere la reforma, tendrá que entregar posiciones políticos al panismo.
Al mismo tiempo, el gobierno enfrenta la embestida de Andrés Manuel López Obrador, que ha convertido la reforma energética en el frente de batalla más importante de su carrera política. Por si fuera poco, el cálculo del gobierno sobre la forma en que Cuauhtémoc Cárdenas habría de participar en el debate sobre los cambios en el terreno energético, es claro que no fue acertado.
Cárdenas inició su caminar fuera de los acuerdos con López Obrador. Pero ante las muchas torpezas del gobierno, ha sido obligado a mostrarse más afín al tabasqueño que a la línea oficial.
Ayer, esa situación llegó a un punto claro. Cárdenas, en el Senado, tuvo que rechazar totalmente, el proyecto oficial. Y obligado por las circunstancias, entró en los detalles que hasta el momento se habían dejado fuera de las discusiones.
Es evidente que con ello, desarma mucho del movimiento del señor López. Pero también lo es el hecho de que, en la medida en que radicalice sus posiciones, más difícil será entrar en cambios de última hora.
Y aquí no debe perderse de vista que, de nueva cuenta, es en el Senado de la República en donde el
gobierno pierde batallas, menores, pero claras, en el momento en que más requiere de avances.
Los foros organizados en el Senado para analizar la reforma energética, pasaron a ser una plataforma desde la cual, el PRD aliado al gobierno, decidió retirarse para no quedar atrapado en la pinza que, por un Lado Cárdenas y por el otro López, habían preparado para triturar al grupo de los “Chuchos”.
El fallo de los organizadores en el Senado, obviamente priístas, pone de manifiesto nuevamente, la falta de acuerdos políticos de gran nivel. Pero el problema es que, con ese fallo, dejan al gobierno sin una pieza vital para su estrategia.
El PRD, por su lucha interna, tiene que alejarse de las alianzas con el gobierno. El PAN, con esa carta en la mano, endurece sus costos de apoyo. El PRI, inexistente, no pasa de ser un títere sin capacidad para enfrentar el reto. Y el gobierno se equivoca al suponer que en el Senado se pueden realizar las negociaciones políticas que le ayuden a resolver en tiempo y forma, los problemas de la reforma energética.
El Pacto se desmorona, a pesar de los muchos discursos oficiales en contra de esa idea. Los aliados del gobierno han puesto por delante de todo, sus propias ambiciones. Y la situación se enrarece al momento en que los priístas encargados de hacer lucir las cosas, lo que logran es demostrar la fragilidad de las alianzas con las que cuenta el gobierno.
El Pacto se tambalea. La reforma energética es rehén de las oposiciones. Cárdenas y López Obrador trabajan con la idea de restarle uno al otro fuerza, pero sin tener que entregarla al gobierno. Y los priístas se preguntan si llegará el momento en el que el gobierno entienda que, a pesar de todo, pueden hacer algo más que votar con línea y bajo presión.


