Este lunes iniciaron los Foros de Análisis sobre la Reforma Energética, organizados por el Senado de la República en los que partidos políticos, empresarios, académicos, científicos, instancias gubernamentales y sociedad civil, analizarán las propuestas de reforma constitucional en materia de energía.
Este ejercicio plural es para intercambiar impresiones que permitan enriquecer la perspectiva de la reforma energética y proporcionar a los legisladores los conocimientos técnicos que les permitan sostener una discusión informada y productiva, en torno a este trascendental tema.
No sorprendió la declinación de AMLO a la invitación que le extendieran los senadores para participar en dichos foros, mucho menos sus descalificaciones a los mismos. Sabemos de sobra que para el mesías tropical, los acuerdos políticos logrados en el marco institucional son “pura faramalla”.
Y es que no hay duda de que en un riguroso debate, como debe ser el legislativo en materia energética, es difícil defender dogmas y medias verdades sobre la realidad sustentada con datos y escenarios confiables del contexto internacional.
Por ello el rayito de esperanza, fiel a su estilo, convocó a un mitin el pasado domingo para exigir al gobierno federal que se someta a consulta popular la procedencia de las reformas planteadas.
No pretendo minimizar la importante opinión de una parte de la ciudadanía que pueda mostrar el resultado de una consulta, sin embargo es una irracionalidad perversa pretender con ello desconocer la figura de la representación que da vida al Congreso de la Unión.
Claro está que AMLO, en su delirio, olvida que en la última gran consulta popular que se ha hecho en México, en julio del año pasado, no consiguió que sus propuestas e ideas consiguieran el respaldo de una verdadera mayoría.
Mal perdedor, como bien lo conocemos los mexicanos, no quiere participar del debate nacional de las reformas en el marco institucional por saberse incapaz de defender sus postulados. Por ello pretende llevar la discusión a las calles, terreno en el que puede simular la legitimidad en la defensa de lo que diga su dedito.
– PUNTO FINAL. Cada vez es más claro que el recurso favorito de Gustavo Madero en las negociaciones políticas es el chantaje. Nuevamente condiciona la discusión y probable aprobación de la reforma energética, a sacar adelante antes una nueva reforma político-electoral.
Llaman la atención las prioridades del líder panista, prefiere desgastar las negociaciones entre partidos discutiendo otra vez el reparto del poder que únicamente interesa a la clase política, que entrarle de lleno a la discusión de la reforma energética que sí tiene implicaciones económicas en la vida de todos los mexicanos.
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