Norberto de AquinoPor Norberto DE AQUINO

Marcelo Ebrard quiere ser el nuevo dirigente nacional del PRD. Y quiere alcanzar el poder de ese partido, con una campaña política en la que el gobierno de Enrique Peña Nieto sea el tema a discutir.

El extitular del gobierno del Distrito Federal inició formalmente, la lucha por conquistar un poder que hoy disfruta la tribu de los “Chuchos”. Y para llegar a su meta, demanda una votación abierta no sólo a los militantes del PRD, sino a toda la sociedad. Sabe que Jesús Ortega y Jesús Zambrano, que son quienes hoy usufructúan el poder en el partido negro y amarillo, no ganarían en ninguna parte, una elección así.

Más aún, Ebrard quiere que en el mismo proceso de elección, abierta a una sociedad totalmente ajena a las decisiones partidistas, se debata la línea política que debe seguir el perredismo. Y radical en el planteamiento, para obtener respuestas radicales, quiere que se decida entre un partido “satélite del gobierno” y uno realmente de oposición.

Marcelo Ebrard ha realizado una labor acertada de diagnóstico. Pero podría enfrentar muchos problemas en el camino.

Sabe que, ante la pequeñez política de las figuras en la estructura de los “chuchos”, tiene la ventaja no sólo del conocimiento, sino de importantes aliados. Pero sabe también que, contra todo lo que supone, son muchos los que recuerdan que, como gobernante, se opuso, incluso con la fuerza pública, a las consultas públicas. Y la SuperVía es apenas uno de los ejemplos a tener en cuenta.

La estrategia de Ebrard es sencilla. Ha colocado al gobierno de Peña Nieto como responsable, ya que con ello se evita el tener que chocar con un grupo que dentro del PRD, tiene el poder para no escuchar sus demandas.

Al lanzarse en contra del gobierno federal y señalar la alianza con el grupo en el poder del PRD, no requiere de pruebas y no hace falta cuestionar a los dirigentes actuales. Los resultados en los 10 meses del actual gobierno colocan al perredismo justo en el terreno en el que lo quiere Ebrard.

Del mismo modo, Ebrard y sus aliados saben que el gobierno federal deberá trabajar en favor de los “chuchos”. Y que tendrá que hacerlo al mismo tiempo en que construye el respaldo político para que Gustavo Madero o alguien de su grupo, se quede con el poder en el PAN.

Dicho de otro modo, Ebrard sabe que en las semanas que faltan para que los dos partidos de oposición se enfrenten a los procesos internos para elegir nuevas dirigencias, la actuación del gobierno federal dejará ver su intervencionismo de una u otra manera.

Y ello trabajará a favor de Ebrard.

Sumado a lo anterior, es obvio que Ebrard sabe que para Andrés Manuel López Obrador, resulta mucho más atractiva una dirigencia perredista con Ebrard al frente, que con el grupo de los “chuchos”. Pero también lo es que, para que las fuerzas de izquierda que respaldan al tabasqueño le den su apoyo a Ebrard, éste deberá primero, sellar algunos acuerdos.

Y es aquí en donde la lucha de Ebrard podría tener algunos tropiezos. AMLO difícilmente abandonará sus proyectos particulares. Y Ebrard difícilmente llegará a ninguna parte sin un acuerdo de fondo, con el tabasqueño.

De cualquier manera, Ebrard se lanzó ya a la conquista del PRD. El proyecto no parece sencillo. Pero es claro que para el gobierno federal será una lucha de altos costos y bajos beneficios. Especialmente por el hecho de que, se acepte o no, el Pacto por México poco es lo que puede ofrecer ya al gobierno federal, como no sea tema de algunos discursos.

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