Por Norberto DE AQUINO
Tradicionalmente, las buenas noticias corrían siempre a cargo del presidente de la República y las malas, o no tan buenas, quedaban a cuidado de la dependencia titular del área en problemas. Pero como parte de las transformaciones en que se ha enfrascado, parece ser que el presidente Enrique Peña Nieto quiere dar todas las noticias. Especialmente cuando son muy malas.
El pasado martes, en un evento sobre seguridad, el primer mandatario habló de las alentadoras cifras que se han registrado en el terreno de los homicidios. Incluso fue más allá y criticó a quienes no desean reconocer que hay avances en la materia.
Pero al presidente le urgía en realidad, dar a conocer la mala noticia. Y esta no fue otra que la advertencia, clara y contundente, de que para alcanzar “la paz” en el territorio nacional, serán “necesarios varios sexenios”.
Así, sin mayor problema, el titular del Ejecutivo Federal nos anunció que, primero, el problema no sólo es grave, sino que consumirá “tiempo, determinación y mayores recursos materiales y humanos”.
Del mismo modo, quedó claro que la actual administración, por más cifras alentadoras que se registren, no llegará a las soluciones que se plantearon en campaña. Y de los cambios de estrategia o de creación de nuevos cuerpos encargados de la seguridad, nada se dijo.
El “desafío mayor” que dijo el presidente es el problema de la delincuencia organizada, ha obligado a una transformación en el discurso oficial. Y a reconocer que en este tema hay malas noticias a las que más vale, tendremos que acostumbrarnos.
El problema es evidentemente muy serio. Los números se mantienen elevados en el caso de los asesinados. Y por más alentadoras que puedan ser esas cifras, lo evidente es que aún son demasiadas las bajas que se registran a lo largo del territorio nacional.
Y por supuesto, habrá que aceptar los dichos del presidente. Pero, como en otras varias ocasiones, ¿no el mensaje está incompleto?
Si es evidente que para alcanzar una solución al reto planteado por la delincuencia se requerirá de tiempo recursos y esfuerzos, ¿no lo es también que las estructuras de mando en las diferentes instituciones y organizaciones encargadas del combate a los delincuentes han sido totalmente ineficientes?
Dicho de otra manera, ¿no uno de los primeros y obligados pasos para llegar a la solución, por mucho tiempo que consuma, tendría que ser la inmediata reestructuración de los órganos encargados de las áreas de seguridad?
Después, ¿no habría que explicar que pasó con la gendarmería que se dijo, ya tendría que estar en sus inicios o un poco más allá? Del mismo modo, no tendríamos que saber qué es lo que ha sucedido con el proyecto de Peña Nieto, como presidente electo, para transformar a la policía federal y a la Secretaría de la Contraloría y que por el momento se encuentra en el Poder Judicial gracias a la incapacidad del Senado y a una controversia constitucional?
Igualmente, ¿las cifras alentadoras de que habla el presidente, son los resultados se dijo se presentarían al primer año de gobierno en el combate a la delincuencia? ¿Estas cifras alentadoras, que además hay quienes no quieren reconocer, son el avance en esta materia? ¿Este nivel de avance es el punto de partida sobre el cual se finca la señal de que los resultados se verán en “varios sexenios”?
¿De qué profundidad es el problema que se requiere tanto tiempo? Y finalmente, ¿cuándo se piensa explicar lo que sucede, con toda claridad, a la sociedad?

