jornalerosImmokalee, Florida.- Un joven jornalero de origen maya muestra la camisa ensangrentada que vestía un muchacho que fue agredido por un capataz en 1996. “Fue brutalmente golpeado por el simple hecho de parar su labor para tomar agua”, explica Cruz Salustio mientras sostiene con sus manos la prenda perturbadora, enmarcada y protegida por un vidrio.

Estamos en la oficina de la Coalición de Trabajadores de Immokalee (CIW, por sus siglas en inglés), donde se exhibe aquella evidencia del trato inhumano que han padecido los trabajadores del campo de Immokalee, un pueblo agrícola sumido en la pobreza, a dos horas de Miami. Estos migrantes revirtieron las condiciones de esclavitud y explotación laboral como no lo había hecho organización alguna en Estados Unidos, por lo que acaban de ser distinguidos con el Premio de las Cuatro Libertades Franklin D. Roosevelt, el pasado 16 de octubre.

Los jornaleros mexicanos, guatemaltecos y haitianos de la Coalición doblegaron a los acaudalados productores de jitomate para los que pizcan, sometiéndolos a su Programa de Comida Justa que establece el acuerdo firmado de pagarles un centavo más por libra de pisca, cero tolerancia a prácticas de esclavitud laboral y de asalto sexual, y un Código de Conducta con mejoras laborales.

El acuerdo lo consiguieron tras 12 años de boicots contra los principales compradores de la hortaliza, quienes también deben firmarlo. Así, 11 empresas, entre las que figuran cuatro de las cinco grandes cadenas de comida rápida en el mundo, instan a los productores a cumplir el programa o corren el riesgo de sufrir penalizaciones o la revocación de sus contratos. Taco Bell, McDonald’s, Burger King y Subway lo aceptaron.

Se trata de un modelo revolucionario de responsabilidad compartida entre las tres partes, que educa a los jornaleros sobre sus obligaciones y derechos laborales, y les abre canales de denuncia dentro y fuera de las empresas.

El convenio no sólo mejoró el trato a los trabajadores, sino que propició que obtuvieran mayores ganancias. Treinta mil pizcadores por contrato o a destajo de Florida generaron 10 millones de dólares en los últimos tres años. Cada jornalero consigue ahora entre 5 y 120 dólares extra a la semana.

Hay una empresa que se niega a firmar: Wendy’s. La segunda cadena de restaurantes de hamburguesas en Estados Unidos, después de McDonald’s, no quiere firmar el convenio. Bob Bertini, vocero de la empresa, escribió en un correo electrónico desde Ohio, sede de la compañía: “Todos nuestros proveedores de jitomate han firmado el Acuerdo de Comida Justa”, y añadió: “Es su decisión determinar los pagos a sus empleados”.

El comunicado del consorcio, que en 2012 tuvo ganancias brutas por más de 300 millones de dólares, no cayó nada bien a la Coalición. El mexicano Lucas Benítez, uno de los fundadores de la CIW, dice que el acuerdo no es sólo monetario, y critica la posición de Emil Brolick, presidente ejecutivo de Wendy’s, quien tuvo ese mismo cargo en Taco Bell cuando la organización hizo ceder a la compañía, luego de boicotearla de 2002 a 2005.

“Emil Brolick es un hipócrita al negarse a firmar”, expone Benítez. “Sabe que el acuerdo también es benéfico para la corporación, pero no le es fácil cumplir demandas venidas de los trabajadores”.

fuente: vanguardia-el universal