Norberto de AquinoPor Norberto DE AQUINO

Los últimos días han dejado ver que la estructura política del gobierno se tambalea. Y mucho. Los empresarios lanzan amenazas y se declaran en contra del gobierno, en espera de que su chantaje les deje privilegios a cambios de los que supuestamente perderán con la reforma fiscal. La violencia en Michoacán reaparece y deja ver que en el terreno de la seguridad, poco es lo se ha logrado en diez meses de nuevo gobierno. Andrés Manuel López Obrador arranca la verdadera batalla en contra de la reforma energética y la posibilidad de una recrudecimiento en las luchas internas en el PRD y el PAN coloca al Pacto por México sobre un piso más que resbaladizo.

Por supuesto, no debe olvidarse la incapacidad del gobierno para encontrar una solución de fondo al problema de los maestros. Como tampoco puede dejarse de lado el hecho de que las decisiones sobre el SME lejos de resolver nada, podrían haber creado puntos de conflicto que nadie esperaba.

El aparato político oficial ha naufragado en el creciente más de conflictos político sociales. Y si en la pasada administración se podían contar los puntos de riesgo, ahora la contabilidad amenaza con desbordarse.

El PRI, uno de los brazos de soporte del gobierno, o al menos una institución que se esperaba lo fuera, ha desaparecido del horizonte, para convertirse en un verdadero lastre más que en un aliado. El Senado se ha convertido en piedra de tropiezo para los proyectos legislativos del gobierno. La incapacidad del liderazgo priísta en la Cámara Alta es simplemente patética. Y las señales para el futuro inmediato no son nada alentadoras.

El tema de la reforma fiscal, suma fuerzas entre viejos enemigos. La izquierda no colaboracionista, señala al PRD de los “Chuchos” como cómplice de los ajustes que pretende el gobierno. Los empresarios se lanzan contra el gobierno y con amenazas y chantajes dejan ver que si han de perder algo con la reforma, quieren ser recompensados de alguna manera. Y que no aceptarán quedarse con las manos vacías. Y el gobierno no sabe como responder.

En Michoacán, entidad en la que los esfuerzos oficiales por alcanzar la seguridad son “importantes”,

al menos en los discursos, se convierte en foco de alerta con hechos violentos que dejan ver lo lejos que estamos de lograr avances contra la delincuencia.

Andrés Manuel López Obrador se lanza en contra de las reformas fiscal y energética. Y habla de traición a la patria, de la forma en que se venderá el patrimonio nacional y de la necesidad de defender al país y a los mexicanos. Y el gobierno simplemente no sabe cómo explicar a la sociedad lo que se pretende con las reformas.

Pero AMLO no para en sus llamados a la sociedad. Busca crear fracturas en la alianza del gobierno con el PAN de Gustavo Madero y el PRD de Jesús Zambrano y Jesús Ortega. Llama a los senadores de ambos partidos a formar un frente común para detener la reforma fiscal aprobada ya en la Cámara de Diputados y la energética que está lista para en noviembre, pasar a debate en el Senado.

Sabe que las cúpulas panista y perredista no responderán como pretende. Pero también sabe que puede colocar contra la pared a varios legisladores que, de aprobar las reformas, tendrán que pagar un costo por demás elevado en lo político.

López Obrador sabe que en el Senado hay posibilidades de fracturar la alianza oficial. Y sabe que la reforma fiscal puede pasar como quiere el gobierno, pero también entiende que ello le dará la oportunidad para exhibir a los “falsos hombres de izquierda” y poner en apuros a la dirigencia del PRD que es lo que pretende para el debate energético.

Todo este panorama, a los ojos de todo el mundo, tiene el común denominador de la inoperancia del aparato político del gobierno. Dispuesto a ceder ante los chantajes y presiones y con la idea de que se pueden lograr acuerdos “temporales”, el aparato político ha contribuido a crear las condiciones adecuadas para que las batallas políticas que están a la vista tengan un costo mucho más elevado para el gobierno de lo que se había calculado en un principio.

Y lo peor es que, conforma avanzan los plazos, es el gobierno el que tiene que ceder. Y a cambio de nada.

Ahora, al entregar al PAN y el PRD las posiciones que demandan para respaldar las reformas energética y fiscal, lo que el gobierno logrará no es otra cosa que mostrar su debilidad. Y al enfrentar a los rivales no oficiales, dejará ver su enorme soledad política.

Todo producto, de la enorme derrota que ha sufrido a causa de la falta de eficacia de su aparato político.