Norberto de AquinoPor Norberto DE AQUINO

Una vez más, como ya es costumbre en esta administración, el gobierno federal aparece contra la pared ante el chantaje de los partidos de oposición. Y como ha ocurrido a lo largo de los once meses de gestión, Enrique Peña Nieto tendrá que decidir si para mantener vivo al Pacto por México aceptará la presión de los partidos a los que venció en las urnas.

El gobierno federal nunca entendió que la victoria en las elecciones del año pasado le acreditaba mucho más que el triunfo. Se perdió en la ruta de la búsqueda de una imagen de diálogo y acuerdo y entró en la nueva versión de las concertacesiones.

El gobierno que tenía la victoria en la mano, entregó la voluntad popular a los vencidos. Y los compromisos con la sociedad, se cambiaron por acuerdos con la oposición. Y se quiso además, que todo el mundo cantara loas a esa decisión, sin entender el riesgo que se corría.

Se presentaron los grandes objetivos y se habló de lo importante que era el acuerdo sellado con los partidos minoritarios.

Pero no pasó mucho tiempo antes de que se entendiera discursos aparte, que el PPM no pasaba de ser un acuerdo cupular que, en la práctica, poco ofrecía a los mexicanos. Los partidos de oposición en cambio, entendieron que tenían ante sí, la oportunidad de fortalecerse ante el gobierno y además, de lograr avances que la sociedad les había negado en las urnas.

El gobierno no comprendió que las dirigencias del PAN y del PRD tenían la “fuerza” para firmar un acuerdo, pero no la representatividad para poder hacer que la sociedad lo respaldara. Podían tener los votos en el Congreso, pero ello no resolvía el tema del malestar en las calles.

La situación se descompuso aún más cuando la oposición inició el ciclo de los chantajes. Así, para que el PAN no se molestara, el gobierno detuvo los programas sociales, especialmente la cruzada contra el hambre. Y para que el PRD le apoyara en la reforma fiscal, entregaron los compromisos para una reforma para el DF y un paquete multimillonario de dinero que, prácticamente no tendrá que justificarse.

Los acuerdos han aumentado. Y desde ahora aparece la figura del PRD para la candidatura en Guerrero, si no es que se registra antes un interinato en esa entidad, con el mismo PRD como beneficiario. Del mismo modo, el PAN cuenta ya con el inicio de una precampaña para Querétaro, cimentada por supuesto en las acciones del PRI.

Todo lo anterior es el marco en el que se decide el futuro del IFE. El gobierno, chantajeado por el PAN, accedió a una reforma política más. Y la desaparición del IFE es una de las demandas de Acción Nacional que quiere llevar al país hacia atrás, al acabar con un instrumento federalizado, para entrar de nueva cuenta, en uno centralizado.

Pero el problema de origen es la facilidad con la que el gobierno se deja presionar. Con tal de sacar adelante las reformas “estructurales”, cumple todas las exigencias de los partidos minoritarios. Y a cambio el país recibe discursos y nuevas promesas.

Si se observa con atención, la reforma fiscal aprobada ya, dista mucho de ser lo que se dijo que sería. Es más, no sólo no es la gran reforma que se prometió, sino que ni siquiera es capaz de resolver realmente, los problemas iniciales del país en el campo fiscal.

Ahora, para impulsar la reforma energética, el gobierno tiene que ceder ante el PAN. Y los panistas saben que pueden pedir todo lo que quieran. Se les concederá gracias a la urgencia del gobierno por alcanzar las reformas.

El IFE está a punto de desaparecer. El instrumento que se dijo, nos colocaba en la vanguardia de las democracias, está a punto de desaparecer para cumplir el capricho de un partido que, hace un año, fue botado de la presidencia de la República por la sociedad.

Pero el gobierno quiere la reforma. Y lo demás poco importa. Con las reformas en la mano, no tiene importancia que perdamos terreno en lo político, que lo económico queda entrampado y que la sociedad se sienta engañada. Total, lo importante es lo que los partidos de oposición quieran para mantener al PPM como gran bandera nacional.