Por Norberto DE AQUINO
Incapaz de comunicar de manera adecuada, el gobierno naufraga a pasos acelerados ante la creciente ola de violencia que, de nueva cuenta, enfrenta el país.
El propio gobierno federal hace y dice cosas que sólo elevan el grado de incredulidad de la sociedad. Y a casi un año de distancia, las promesas de campaña y los discursos de arranque de la actual administración se pierden en el miedo que enfrentan los ciudadanos.
El gobierno toma el control del puerto y de la policía en Lázaro Cárdenas. Y se quiere hacer creer que esto es una decisión normal en el programa de seguridad. El problema es que hace no muchas semanas, el gobierno había lanzado un gran programa de rescate en Michoacán y los discursos de ese entonces, con representantes de todos los sectores de la sociedad, hablaban de los grandes logros que se habían conseguido.
Ahora, con un ataque a instalaciones estratégicas en la entidad y con un reto abierto de la delincuencia organizada, lo que salta a la vista es que el famoso “rescate” de Michoacán se queda en el mejor de los casos, en el discurso.
Al mismo tiempo, la alcaldesa de Matamoros, Tamaulipas, en un acto que pinta por sí solo la gravedad del problema en una entidad perdida desde hace tiempo, pide a los habitantes no salir de casa ante la violencia que padece la entidad en lo general, y el municipio en lo particular.
No hace falta mas para entender la gravedad del problema. Y aquí habría que recordar que hace un par de semanas, el mismo presidente Enrique Peña Nieto reconoció que “recobrar la paz” nos tomaría “varios sexenios”.
Para colmo, en la ciudad de México, capital de la República y sede de los poderes federales, la derrota de las autoridades es algo claro para todo el que quiera verlo.
NO son sólo las manifestaciones y los plantones que desquician la normalidad de la ciudad. Se trata de las evidencias que dejan ver que la policía capitalina forma parte del problema de la delincuencia
organizada.
El secuestro de los jóvenes de Tepito y el de un ciudadano colombiano realizado éste por un grupo de uniformados que se refugiaron en el centro de inteligencia de la misma policía, no permite duda alguna. El reto es simplemente enorme. Y las respuestas oficiales, si es que existen, no pasan de ser piezas de oratoria solamente.
El gobierno federal se ahoga en su política de incomunicación. Incapaz de dar a conocer planes y objetivos, parece más dispuesto a la aceptación de los chantajes de los partidos políticos, que a buscar el respaldo de la sociedad.
Así, supone que la sociedad aplaude la “toma” de un puerto como el de Lázaro Cárdenas. Pero la realidad es otra. Con palabras que nada dicen, los ciudadanos toman el hecho como una medida de emergencia que refleja solamente, no la capacidad del gobierno, sino la fortaleza de los delincuentes.
Y entonces, se recuerdan las promesas. Y se compran con los hechos. Y los resultados no aparecen.
Si la gendarmería se prometió para los primeros meses de la segunda mitad de este año, la realidad nos señala que todo quedó pospuesto tal vez para el año próximo. Y ello sólo tal vez.
Se recuerda que se prometió disminuir un 50% los índices de violencia en el primer año. Y los datos muestran que ello simplemente no se alcanzará. Ni siquiera en un porcentaje realmente alentador.
Se recuerda que se prometieron resultados al cumplirse el primer año del nuevo gobierno. Y a un año de que ese plazo se cumpla, la violencia se desata en el país y obliga al gobierno a medidas drásticas en una entidad que, como Michoacán, se dijo ya se había “rescatado”.
El gobierno hace agua en un tema que intentó minimizar y reducir a pequeños espacios mediáticos. Quiso encontrar en otros campos, la fuerza para cimentar sus acciones.
Pero la realidad ha resultado dura de vencer. Y a casi un año de distancia, la inseguridad es el tema a resolver. Autoridades que son reemplazadas por ejército y marina. Policía federal en mayor número a las carreteras. Llamados a los ciudadanos a no abandonar sus casas. Y la incapacidad oficial para informas y explicar. La receta perfecta para un caos político total.

