El titular de la Secretaria de Educación Pública (SEP), Emilio Chuayffet, se pronunció por ver la poesía como una aliada única para «explotar talentos y capacidades» de la niñez mexicana.
Al encabezar la entrega del Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños 2013 que la Fundación para las Letras Mexicanas otorgó al poeta de origen cubano, Aramís Quintero, por su obra titulada «Cielo de Agua», dijo que se tiene claro el compromiso de alcanzar una educación de calidad para todos.
En esta tarea, consideró fundamental acercar a los niños al lenguaje, la música y la escritura por medio de los versos, ya que con ello obtendrán herramientas para expresar libremente todas sus posibilidades creadoras.
En su intervención, reconoció la obra de Quintero como parte de la herencia poética de Gabriela Mistral y a José Martí, por poner la poesía al servicio de los niños, y anunció que la dependencia que encabeza imprimirá la obra galardonada, como una manera de reconocer el talento hispanoamericano.
A su vez, Miguel Limón Rojas, presidente de la Fundación para las Letras Mexicanas, dijo que desde hace 10 años se ha convocado a ese premio a los poetas de países de habla hispana y se han recibido más de tres mil propuestas provenientes de al menos 25 países.
Comentó que a la selección de títulos destinados a niños y jóvenes que publica el Fondo de Cultura Económica, se han sumado los libros ganadores del Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños 2013.
Destacó que los maestros y los niños deben tener en cuenta que la poesía desmiente que los ejercicios de memoria estén condenados a ser inútiles.
Por el contrario, afirmó, cuando se es niño y joven vale la pena aprender de memoria los versos que nos gustan, que nos dicen algo significativo, pues es por medio de la memoria, precisamente, que los hacemos nuestros para siempre.
En su oportunidad, Aramís Quintero afirmó sentirse afortunado por el premio y por el lugar donde lo recibió, el Salón Hispanoamericano de la SEP, lo que significa un lugar que representa la educación y la cultura como el más definitivo testimonio, el de los espléndidos murales de Diego Rivera.



