Por Norberto DE AQUINO
El gobierno federal puso en marcha un proyecto de Estrategia Digital que no es otra cosa que el intento de llevar las acciones del gobierno, al terreno de la competencia en las redes sociales. Y no se requiere de mucho esfuerzo para entender que, programas adicionales aparte, este es un paso complementario a la nueva estrategia de comunicación de Los Pinos.
Después del arribo de Eduardo Sánchez a la vocería de la presidencia de la República y ante el fracaso más que evidente de la comunicación oficial, el gobierno decidió doblar las apuestas y lanzó su gran programa de presencia en la red.
Es obvio que en el gobierno existe una gran preocupación por la incapacidad para comunicar y explicar las acciones y decisiones oficiales. Y si bien es cierto que muchos funcionarios ni siquiera aparecen a la hora de los debates, también lo es que la estrategia de comunicación nunca existió, lo que dejó abierta la puerta a la caída tan seria en la imagen del gobierno.
Las encuestas a mediados de año, mostraron una fuerte tendencia a la baja, lo mimo del gobierno en lo general, que del presidente en lo particular. Se puso atención en el tema, pero los resultados nunca aparecieron. Y las encuestas de la parte final del año dejaron ver que lo que había sido una baja sensible, se había transformado en una caída demasiado fuerte como para no ser atendida.
Se llamó de la subsecretaría de Gobernación a Eduardo Sánchez para trabajar todo lo que es la estrategia de comunicación y para operar algunos aspectos de la misma.
Y se puso en marcha uno par de días más tarde, el programa nacional de Estrategia Digital. Y ello significa que, a partir de ahora, la comunicación del gobierno camina sobre tres rieles. La división es evidente. Tanto como el fracaso.
En el campo digital el gobierno simplemente no existe. No hay nada que permita a los sectores que participan de esos mecanismos de comunicación, obtener información. Y por ello, todo lo que existe en la red es la crítica al gobierno.
Hay muchos capítulos que quedan ubicados en el nuevo programa. Pero es evidente que el objetivo primordial es buscar la ruta para mejorar la imagen del gobierno y del presidente. Y por ello, el realce con el que se puso en marcha el proyecto.
Y no es que Enrique Peña Nieto no hubiera tenido manejo de las redes. Lo que sucede ahora es que ese manejo pasa a ser parte de la estrategia de comunicación. Con todo lo que ello significa.
Las encuestas de los últimos días fueron demasiado para el gobierno. En un año se perdieron tantos puntos en la popularidad, que resultaba claro que se estaba a un paso de la pérdida total de confianza y credibilidad.
Así, se optó por el cambio en el sector de la comunicación. Y se dividió a querer o no, el área. Creando poderes nuevos y oficiales.
Habrá que esperar muy poco para saber si la receta fue capaz de resolver la enfermedad. Por lo pronto, hay factores novedosos que tomar en cuenta. Y ello en sí mismo, es un mensaje.
El año próximo, el gobierno enfrentará los efectos de las reformas. Tendrá que afrontar el hecho de que la violencia no ha disminuido y que el desempleo va creciendo.
La comunicación entonces, pasará a ser un sector clave.
Siempre lo fue. Pero en el primer año lo que logró fue derrumbar la imagen presidencial. La apuesta ahora es que, con los cambios, el fenómeno puede no sólo detenerse, sino revertirse. La apuesta está hecha. Esperemos los resultados.

