Norberto de AquinoPor Norberto DE AQUINO

El gobierno del Distrito Federal mantiene la estrategia de evadir sus responsabilidades. Y mediante la demagogia más descarada, intenta crear una imagen de eficacia regalando apoyos a los más necesitados.

Con todo el peso del gobierno, Miguel Mancera puso en marcha el programa “capital social”, mediante el cual se entrega una tarjeta a los beneficiarios para la obtención de apoyos de todo tipo, desde salud, hasta educativos.

Y la idea por supuesto, no es mala. El problema como siempre, es el “¿de dónde sale el dinero?”. Apoyar a los más necesitados es importante. Y crear programas de este tipo es indispensable. Pero simplemente entregar dinero, aún cuando sea sólo en promesas, podría no ser la mejor receta para resolver los problemas de la ciudad.

Miguel Mancera evade con discursos y este tipo de programas, la responsabilidad de rendir cuentas a la sociedad sobre los problemas que afectan a todos los capitalinos. Esto es, atiende a un sector, sólo para cubrir el hecho de que no ha respondido a las demandas de todos.

Uno de esos temas pendientes es por supuesto, el de la seguridad. Y el otro, el de la responsabilidad del gobierno ante los retos financieros.

En el primero de los casos, es obvio, digan lo que digan las autoridades, que en la ciudad de México la inseguridad es un fenómeno creciente. El señor Mancera llegó a presumir que en el DF no existía “delincuencia organizada”. Pero los hechos han demostrado que el problema de la delincuencia es en la capital, algo muy serio.

Y este fenómeno afecta a pobres y ricos, hombres y mujeres, jóvenes y viejos. Pero ante la incapacidad para resolver el reto, se ponen en marcha las pistas de hielo, demagogia pura, y se regalan tarjetas que son la promesa de atenciones de diverso tipo, a quienes no tienen resuelto sus necesidades más elementales.

La apuesta es sencilla. Con dinero del presupuesto se quiere atender a los capitalinos. Al menos a parte de ellos. Pero ese dinero es el mismo que hace falta para mejorar los servicios para todos los habitantes del DF.

Y es aquí en donde aparece el segundo aspecto.

El gobierno del Distrito Federal organiza encuestas para demostrar que la sociedad en el DF quiere que le aumenten los servicios como el del Metro. Pero esa misma sociedad, quiere que le entreguen tarjetas de beneficio social. Y en ambos casos, la autoridad responde de manera afirmativa.

Pero, al mismo tiempo, esa autoridad organiza mesas de diálogo con los grupos que protestan por el alza en la tarifa del Metro, para explicar el problema. Y entonces, ¿cómo se organizó la encuesta? ¿Qué fue lo que se pregunto y para qué se preguntó? ¿Si la encuesta es representativa de la ciudadanía, como quiere la autoridad que se crea, para qué las explicaciones? Y finalmente, ¿primero se toman las medidas y después se realiza la explicación?

El gobierno del Distrito Federal, con el ejemplo de los a”apoyos a los viejitos” de López Obrador, sigue desaforado en su carrera de demagogia pura fincada en el gasto “social” que en la práctica, no resuelve los problemas de fondo.

El gobierno capitalino quiere hacer crecer su imagen. Y desea tener una clientela política agradecida. Y para ello se gastan algunos miles de millones de pesos. Pero son del presupuesto. En lugar de ir al fondo del problema y crear la estructura adecuada para atender a todos los capitalinos, el gobierno de Miguel Mancera ha marcado con toda precisión lo que busca.

Quiere tener apoyo de las clases sociales más necesitadas, y no le importa lo que suceda con el resto de los capitalinos.

AMLO habló de “primero los pobres”. Miguel Mancera simplemente deja fuera de su programa de gobierno a quienes no están ubicados en ese parámetro. Con todo lo que ello significa.

Esa clase social expuesta totalmente a la inseguridad, es la que tendrá que pagar el subsidio en el Metro para los “pobres”. Es la que tendrá que pagar aumentos en el predial para cubrir los gastos sociales del gobierno capitalino. Y es la que tendrá que encontrar un mecanismo para poder resolver sus problemas, ya que para la autoridad, los votos se encuentran en otro lado.

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