Por Norberto DE AQUINO
El año que inicia muestra con toda claridad, la bipolaridad en la que se mueve el gobierno federal. Por un lado, los elogios internacionales en el terreno económico ante las reformas que abren de par en par, el terreno energético a los grandes capitales. Y por el otro, la tensión política que se deja sentir en el país y que en Michoacán alcanza ya un nivel muy peligroso.
Las reformas alcanzadas ya en su primera parte, han puesto a los capitales foráneos fundamentalmente, de plácemes. Y no escatiman los elogios para el gobierno federal. El presidente de la República es visto como el gran transformados del país. Y los negocios que se avecinan han colocado a los capitales en el terreno de grandes aplaudidores de los cambios.
El gobierno por su parte, no pierde oportunidad para recordarnos que los cambios nos llevarán a las puertas de la gloria en tiempos relativamente cortos. Se han acabado, de acuerdo a la visión oficial, los tiempos difíciles y hemos llegado al momento en que todos nuestros problemas se resolverán uno a uno con un poco de paciencia y gracias a las reformas.
Todo en este lado de la moneda es felicidad. Los éxitos del equipo financiero del gobierno son causa no sólo de los elogios internacionales, sino motivo de orgullo de una administración que estableció el compromiso de entregar resultados y de hacerlo en el corto plazo.
Pero ese mismo gobierno, a la hora de los retos políticos, parece no encontrar la ruta de respuesta a la creciente problemática.
Discursos aparte, para todo mundo queda claro que la inseguridad es el problema a vencer en el país. Y que, dígase lo que se diga, la criminalidad mantiene niveles más que preocupantes.
Pero ya no sólo es la delincuencia, organizada o no, sino el desbordamiento acelerado de los causes legales por grupos armados lo que convierte el escenario político en algo que podría estallar en cualquier momento.
Aquí no hay elogios de parte de nadie. Las promesas, como la de la gendarmería, se han pospuesto.
Los compromisos de resultados en un año simplemente se dejaron de lado. Los frentes abiertos con muchos. Y altamente complejos.
La aplicación de las reformas aprobadas por el Congreso no está garantizada más que a base de discursos. La CNTE no ha cedido. Los índices de violencia se modifican, pero no se reducen de manera importante. Y retos como el de los grupos de autodefensas, crecen sumados a los datos de la CNDH que revelan que en buena parte de las cárceles en el país, hay control absoluto por parte de los delincuentes detenidos.
Michoacán se convierte en una entidad en la que los poderes van de retirada. Pero lo mismo sucede, de diferente manera, pero con claridad, en Guerrero. En Chiapas el gobernador juega a la popularidad y quiere responder a los problemas locales, como el planteado por el EZLN, con palabras suaves y una creciente incapacidad política. En Oaxaca, el gobierno de Gabino Cué es rehén de sus torpezas políticas y en tanto, los ciudadanos quedan sujetos a los vaivenes del juego político y la violencia de todo tipo.
La bipolaridad del gobierno es clara. Dedicación en el campo financiero, con proyectos que se cumplen plazo a plazo. Retrocesos en lo político, con discursos que no responden a la realidad y con estallidos de nuevas problemas o con el crecimiento de los ya existentes.
Las preguntas van y vienen. Y las respuestas no existen. ¿Cómo es posible que en Michoacán avancen las famosas autodefensas? ¿En realidad todo es responsabilidad del gobierno local?. ¿El gobierno federal no tiene conocimiento de nada? ¿Es aceptable la idea de que el gobierno federal carece de la información política adecuada en este problema? ¿Es lo que sucede en todos los casos?
Avances económicos. De acuerdo al programa del gobierno. Pero tensión creciente en lo político.
Y ese fue el marco en el que hace 20 años se registraron los fracasos de los programas económicos de entonces. Fue en lo político en donde el gran proyecto del TLC se atoró. Y las similitudes no pueden ser tan sólo, obra de la casualidad.

