Norberto de AquinoPor Norberto DE AQUINO

El gobierno federal le ha demandado a los integrantes del cuerpo diplomático dar a conocer la nueva realidad del país, en la que, por supuesto, se buscar hacer notar que si bien la violencia aún no desaparece, sí se encuentra en franco descenso. Al menos en las cifras oficiales.

No obstante, y aún cuando no lo dicen, buena parte de los representantes nacionales ante gobiernos en todo el mundo entendieron el mensaje, pero no encontraron al forma de sustentar la idea. Esto es, desde su óptica, el discurso nada tiene que ver con la realidad.

Así, intentan saber cómo hacer valer la idea de la modernidad que significan las reformas realizadas por el gobierno, con el juego de intereses que evidentemente, involucra a las naciones económicamente poderosas. Y cómo presentar una idea de baja en la violencia cuando esos mismos países saben que todo lo que se ha logrado es llevar a los medios de comunicación, nacionales o no, a “bajar” el tono de sus informaciones al respecto.

Pero para los diplomáticos el reto es el mismo.

Saben que la promesas de lograr en un año una baja importante en los índices de violencia no se lograron. Y que esa promesa incumplida salta en todos los escenarios justo cuando se intenta presentar la “mejoría” en el país.

Todo mundo entiende que el problema de la violencia no se refiere sólo a la existencia de cárteles y bandas de delincuentes. Por el contrario, saben que buena parte del conflicto radica en la incapacidad de los cuerpos encargados de la seguridad en todos los niveles, a lo largo y ancho del país-

Del mismo modo, los diplomáticos saben que la corrupción en los cuerpos de seguridad, del tipo que sean, se ha convertido en uno de los grandes retos a vencer. Bastaría con citar el ejemplo de la policía del Distrito Federal, involucrada en asesinatos en Garibaldi, en secuestros y asesinatos en antros y en secuestros de extranjeros, para entender de que tamaño es el problema de querer presentar una mejoría en el país basada sólo en los índices de violencia.

Para el cuerpo diplomático el asunto es complejo. De acuerdo a las agencias internacionales

especializadas, somos el país en el que más se secuestra y tenemos uno de los mayores niveles de extorsión, lo que puede no reflejarse en las cifras de la violencia directa, pero incuestionablemente pone de relieve la fragilidad de la seguridad en el país.

El problema no termina ahí. La corrupción en el campo de la seguridad es simplemente, enorme.

De esa manera, existen quejas en contra de los jueces, ministerios públicos y por supuesto, las policías cualquiera que sea su nivel y tipo. La pérdida de confianza de la ciudadanía en este tipo de autoridades es no sólo destacado, sino acelerado.

Aparece en este caso, la promesa, también incumplida, de la nueva Gendarmería, de la cual se han solicitado informaciones desde diferentes frentes internacionales, y de la que poco se sabe. Al mismo tiempo, la segunda promesa en este caso, que la Gendarmería estaría lista a mediados de este año, podría no cumplirse o simplemente, cumplirse muy a medias.

La demanda a los diplomáticos para que den a conocer la nueva realidad nacional en el terreno de la seguridad parece ser difícil de cumplirse. Se puede por supuesto, hacer el intento. Pero es obvio que una cosa es hablar de una imagen del conflicto de la violencia en México y otra, muy diferente lograr que los inversionistas acepten sin mayor cosa, el mensaje.

El gobierno quiere asegurar el ambiente para las inversiones. Y ello es más que evidente.

El problema es que ese mismo gobierno no sólo no ha cumplido sus promesas en materia de seguridad, sino que ahora quiere sus cifras se acepten sin mayor trámite. Y ello puede funcionar en lo interno.

Falta saber qué es lo que se piensa en lo externo.