¡Ay, la ingenuidad!
EL SECRETARIO DE HACIENDA, Luis Videgaray, presume en todos los foros donde se presenta que “se ha dado un paso histórico” para combatir el empleo informal que, según datos el INEGI, se acerca peligrosamente a los 30 millones de personas en todo el país.
El instrumento real, no ficticio, aclara el funcionario, se llama Régimen de Incorporación que contempla incentivos para que los informales se vuelvan formales, paguen sus impuestos y disfruten de los beneficios de la seguridad social, de créditos a través de la “banca del subdesarrollo” y de todas aquellas cosas bellas que se tienen cuando se pagan impuestos religiosamente.
El Régimen de Incorporación, explica Videgaray, es un régimen transitorio largo, muy largo (de diez años) que permitirá a quienes hoy están en la informalidad empezar a pagar gradualmente impuestos y recibir desde el principio los beneficios de la seguridad social y del crédito a través de los bancos de fomento del gobierno federal.
En el primer año, todos los valientes (¿así se le llama ahora a los ingenuos?, preguntan los malosos) que decidan acogerse a dicho régimen, no pagarán un solo peso de impuestos, subraya el secretario de Hacienda; nada más tendrán que llenar una declaración donde nos informen a quién le están comprando la mercancía y en qué cantidades. Y explica:
“El costo fiscal de la informalidad no es el changarrito o la miscelánea, son las grandes empresas que le venden al cliente que por supuesto salen del radar del SAT porque están en la informalidad. El gran valor que tiene para nosotros desde el punto de vista recaudatorio es obtener información, y bajo esa premisa es más rentable para la autoridad subsidiar durante diez años que se incorporen al régimen fiscal de manera muy lenta y gradual, pero que nos den desde el primer día información. En ese sentido creemos que este es un círculo virtuoso que nos permitirá combatir la informalidad y la evasión de aquellos que desde la formalidad lucran con la informalidad”, abunda el secretario.
¿O sea que Luisito propone que por “soltar la sopa” (nombres, apellidos, dirección y si es posible Registro Federal de Causantes) de quienes nos surten de mercancía nos van a perdonar los impuestos durante diez años?, preguntan algunos de los casi 30 millones de informales que existen en el país.
Bueno, el funcionario dijo que nada más durante el primer año, aclara el columnista. En el segundo y posteriores, hasta llegar a diez, quién sabe cuánto les vayan a cobrar. A lo mejor se los “chamaquean”, acotan los suspicaces.
¡Pues así “no bailamos con el fisco”!, responden quienes confiesan “sentirse felices” en la informalidad porque no tienen que hacer declaración de impuestos cada mes, ni pagarle al IMSS, al SAR, al Infonavit, ni el impuesto sobre nómina y otras obligaciones.
¡Pues yo conozco a nadie que le guste ser informal!, parece responder el titular de Hacienda. “Yo no conozco a ningún niño que diga: Yo de grande quiero ser informal”, señala Videgaray.
¡Se equivoca, señor secretario!, responden los chamacos y las chamacas que atienden los negocios informales del papá, la mamá, el tío y otros familiares. “Nosotros vivimos a toda madre en la informalidad porque no tenemos que rendirle cuentas a nadie”.
Además, la mayoría de los informales no necesitan seguridad social, ni créditos de la banca de desarrollo ni de los bancos comerciales para hacer crecer sus negocios; durante años han demostrado que son capaces de multiplicarse sin ningún incentivo, señalan los especialistas en la materia. Y prueba de ello es que según el INEGI, casi el 60% de la población ocupada está en lo que llaman “informalidad laboral”. De manera detallada, unos 14 millones de personas conformaron el sector informal; unos 2.2 millones trabajan en el servicio doméstico; más de 6 millones en el sector agropecuario, y casi 7 millones en empresas, gobierno y otras instituciones.
¡”A otro perro con ese hueso” del Régimen de Incorporación de los informales!

