Por Norberto DE AQUINO
Ante las críticas recibidas y frente al fracaso de lo hecho y las evidentes cargas de lo no hecho, en Michoacán se realizan ajustes de forma, pero se olvida el fondo. Ahora, se designa un comisionado para la seguridad, pero queda en el olvido la crisis de la clase política que la crisis ha expuesto.
En realidad poco importa si hay o no comisionado. Y menos aún, quién es y cuáles son sus responsabilidades. De alguna manera, es la misma receta que en su momento se aplicó ante la crisis de Chiapas hace 20 años y que, hasta el momento, nada ha solucionado.
Las autoridades le apostaron al tiempo, al costo limitado siempre a costa de las autoridades locales, y en los casos de emergencia, al empleo de las fuerzas armadas para que fueran ellas que las encargadas del trabajo sucio y claro está, del costo que ello representa.
Pero las cosas no funcionarios. El problema no solo no se resolvió, sino que creció. La presencia del narcotráfico provocó el nacimiento de las llamadas autodefensas. Y como resultado evidente, la pérdida del estado de derecho y la violación permanente de la ley.
Ahora, ante la caída de la imagen del gobierno mexicano en el ámbito internacional y de cara a la creciente presión interna, se cambian los modos, pero no el contenido. Se nombra un comisionado al estilo aplicado en Chiapas y se habla, como en esa entidad, de las medidas que nos habrán de llevar a recuperar la paz y la tranquilidad en Michoacán.
No obstante, no se requiere de mucho para recordar que, en el caso chiapaneco, los problemas de la marginación, la pobreza, la insalubridad y muchos otros, con comisionado o sin él, no sólo no se resolvieron, sino que han empeorado. Esto es, la respuesta aplicada, posiblemente contuvo el escándalo del problema, pero no lo resolvió.
Ahora, la receta se lleva a Michoacán. Y las preguntas son muchas, y las respuestas no aparecen del todo.
El Comisionado seguramente tiene le mejor voluntad del mundo. Pero ¿con quién va a dialogar? Si
platica siquiera, con los grupos dedicados a la autodefensa, estará convirtiendo en iguales a grupos que violan le ley. Esto es, habrá dado un reconocimiento a un problema que, de muchas maneras sólo es el primer paso a un conflicto mucho más serio, sin que la razón original del proyecto gubernamental se haya resuelto.
Claro está que no puede pensarse siquiera que se pueda establecer un canal de comunicación con los grupos dedicados a la delincuencia organizada. Pero entonces, ¿el comisionado para la seguridad en Michoacán tiene sólo como función resolver un problema que nació de tolerar que se violara la ley como sucedió con las autodefensas?
Dicho de otra manera, ¿los errores cometidos por el gobierno hora de aplicar la ley se resolverán con mesas de negociación y con designaciones de comisionados según se presenten los problemas?
En Michoacán se olvida que el problema es de crisis política. Los políticos que han entrado en el tema michoacano o han tenido las decisiones en la mano, han fracasado terriblemente. Y lo han hecho por la simple y sencilla razón de que han dedicado esfuerzos, dinero y tiempo, a la conquista de intereses particulares y de grupo, olvidando siempre, la necesidad del estado.
Ahora, se toma una decisión para resolver el reto del conflicto de los choques de políticos, pero no para llegar al fondo del problema. Y por lo tanto, lo más seguro es que las salidas tarden en encontrarse. Y en tanto, los costos solo pueden elevarse.
En Michoacán tendría que ser evidente que la ruta tomada sólo conduce a la agudización de la crisis y no a su solución.

