Por Norberto DE AQUINO
Con el paquete de decisiones tomadas en Michoacán se quiere presumir un gran avance en la solución de un problema viejo. Pero lo que en realidad se tiene a la vista es que. Guste o no, el gobierno federal no ha sido capaz de implementar una estrategia realmente efectiva, dejando a la suerte y la improvisación, buena parte de los resultados.
La verdad es que el gobierno federal se enredó en su propia trampa y el tema de la seguridad que se utilizó en campaña para destruir la imagen del PAN y su gobierno, se convirtió en un arma de doble filo que ahora hace víctima a la administración federal priísta.
El equipo que hoy gobierna al país, se lanzó con todo optimismo, a prometer cambios y resultados. Y le puso límite. Al primer año se tendrían los primeros resultados. Y el resultado real es que en el caso de Michoacán, todo lo que se hizo terminó en un estrepitoso fracaso. Y ahora, la solución se ha encontrado en una virtual desaparición de poderes en la entidad y la entronización de un selecto grupo de mexiquenses que, podría tener problemas para siquiera iniciar la aplicación de las soluciones.
Pero el problema es algo más serio. Las autodefensas no arrancaron en Michoacán. Fue Guerrero la entidad que vio nacer esos grupos. Y fue el gobierno federal vía el secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong, quien les dio el visto bueno, a pesar de que, obviamente violentaban la ley.
El problema entonces ha sido ese. La indefinición del gobierno.
Por un lado se reconoce a los grupos, por otro se les condena. Por un lado se les apoya y se les permiten prácticamente todo tipo de acciones, como portar armas de alto calibre.
De esta manera, en Michoacán se llegó al problema de tener que combatir por un lado, la corrupción de las autoridades y la presencia de los cárteles de la droga. Y sumado a ello, la creciente presencia de los grupos de autodefensa.
Con el enredo del gobierno federal y sus constantes cambios en el discurso y sin objetivos realmente claros, el problema simplemente se salió de control.
No se requiere de grandes análisis para entender que el gran cambio que se logró en el gobierno en torno al problema de la violencia en el país, consiste en haber eliminado de discursos e informaciones, palabras como “guerra”, “paz” y “combates”. Pero aún así, el panorama está muy lejos de ser alentador.
El gobierno federal ha puesto muy en claro que sus promesas de campaña se presentaron, al menos en el caso de la inseguridad, sin tener los cimientos necesarios.
Se han puesto en marcha acciones que en mucho se parecen a las tan criticas en el gobierno de Felipe Calderón. Se ha cambiado de contenido y dirección de los discursos y acciones, pero en el fondo se ha mantenido todo lo demás.
Las promesas de resultados y eficacia han sido olvidadas. Y se quiere resolver el problema a base de actitudes y nuevos discursos. Pero ello no parece ser suficiente.
Hace un año, al momento en el que las autodefensas hicieron su aparición en el escenario nacional, se hicieron toda clase de advertencias. Y se habló con toda claridad del riesgo que se corría en ese punto.
Pero el gobierno decidió que no todo estaba mal. Habló de negociaciones y no de aplicación de la ley. Se hizo a un lado en ciertos momentos y dejó que el problema avanzara. Hoy, cuando la estrategia ha fracasado, lo que se quiere es evadir la responsabilidad por lo hecho, sin tener en cuenta que, en cualquier momento, todo tendrá que ser explicado.
Y si el punto de partida son las marchas y contramarchas del discursos oficial, entonces hay mucho, muchísimo, que explicar.

