Norberto de AquinoPor Norberto DE AQUINO

El gobierno mexicano había preparado con mucho cuidado el viaje a Davos. Se tenía el evidente objetivo de llegar a la cumbre del llamado club de los ricos, con el éxito de las reformas puestas en marcha y con la idea de cosechar no sólo felicitaciones, sino por supuesto, sino proyectos de inversión y con ellos en la mano, retornar a México a disfrutar del logro. Pero Michoacán y la inseguridad se convirtieron en una losa muy pesada.

Claro está que Enrique Peña Nieto arribó a Suiza con la cartera llena de avances. Pero también queda claro que buena parte de lo que se había planeado se vino por tierra. El fracaso de las muchas estrategias aplicadas para combatir la violencia en Michoacán destapó demasiadas críticas. Y el tema de la violencia ocupó por lo menos, un espacio tan importante en el caso mexicano, como el de las reformas.

El proyecto del viaje se transformó. Y en la conferencia magistral que dictó el presidente de México, los logros económicos tuvieron que compartir espacio con el reto de la inseguridad.

Y lo que es más serio, el presidente se vio obligado no sólo a reconocer que el problema existe, sino a intentar resolver la crisis de imagen de su gobierno con datos que si bien tienen sustento, no son los únicos que existen.

Así, Peña Nieto aceptó que México enfrenta un serio problema de inseguridad, pero recurrió al consuelo de que ello es un problema general en Latinoamérica. Y al mismo tiempo, presentó el dato de que en lo que va de su administración, el homicidio vinculado al crimen organizado país ha disminuido un importante 30%.

Esta idea por supuesto, quedaba prendida a la esperanza de que quienes escucharon el mensaje olvidaran que México es el país en el que más se secuestra, o en el que la extorsión crece de manera acelerada.

El gobierno de México tenía el proyecto del viaje a Davos en un nivel diferente. En la parte final del

año pasado, con la claridad de que las reformas serían aprobadas en su primera parte, se desarrolló la idea de que en la cumbre se podrían obtener muchas cosas más además de discursos.

Pero el asunto de las autodefensas descompuso todo. Y la situación se agravó al momento en el que el gobierno se enredó con sus mensajes. No se aplicaba la ley, se negociaba. Había grupos buenos por la simple y sencilla razón de que peleaban con los cárteles de la droga.

Semejante confusión despertó críticas internacionales. Y antes de iniciar el viaje a Europa, el mismo presidente se vio en la necesidad de intentar una recomposición del mensaje, planteando con claridad, que no se toleraba a los autodefensas y que no se pensó nunca en hacerlo.

Pero la inseguridad había alcanzado la plataforma que deseaba. El gobierno mexicano que intentaba dedicar todo su tiempo en Suiza a destacar los avances y el impacto de las reformas, tuvo que dedicar tiempo y esfuerzo al tema de la inseguridad.

Y al aceptar que el problema existe y que es similar al que se registra en América Latina, el presidente de la República aceptó que su promesa de campaña por llevar a serias reducciones el reto, no sólo no se ha cumplido, sino que a un año de distancia, es un tema que ocupa y preocupa a los observadores internacionales.

Esto por supuesto, podría tener consecuencias más adelante. Después de todo es evidente que el considerado éxito económico, se vio opacado por el fracaso político. Y de la forma en que ese problema sea analizado, dependerán muchas cosas. Y no de poca importancia.