Norberto de AquinoPor Norberto DE AQUINO

El presidente Enrique Peña se presentó en Michoacán con una bolsa llena de millones de pesos, con grandes anuncios para el beneficio social y con ello, el enésimo rescate de la entidad ha dado principio, con la esperanza de que, ahora sí, se llegue a la meta anhelada y tantas veces anunciada.

Como se esperaba, la presencia del ejecutivo federal significó un cúmulo de buenas noticias para un Michoacán agotado y desgastado en todos los terrenos. Pero por más buenas noticias que se hayan recibido, la verdad es que quedan aún, muchas preguntas por responder.

El presidente Peña se lanza como cabeza del gobierno, a un rescate en el terreno de la economía, la educación, la infraestructura y la salud, dejando el tema de la seguridad a un lado con la idea de que, lo que ya se tiene en ese sector, debe rendir frutos muy pronto.

Pero todo lo que para Michoacán aparece como buenas nuevas, con 45,500 millones de pesos como punto de partida, para el resto del país podrían ser malas noticias.

¿Qué sucede con la pobreza en Oaxaca, o la violencia y pobreza en Guerrero, o la inseguridad en Morelos, entidades todas, en las que se registran problemas como de los de Michoacán, pero con menos exposición mediática?

La duda queda en el aire de cualquier manera. ¿Habrá que acelerar la descomposición para poder aspirar a un rescate federal? ¿Qué es lo que se requiere para contar con un comisionado federal para la seguridad? ¿Cómo se mide la desesperación de los habitantes de una entidad para determinar acciones especiales y gastos multimillonarios como respuesta y solución?

Pero lo sucedido en Michoacán tiene otro tipo de interrogantes, más allá de las que pueden derivarse de los problemas y quejas en el resto de la República.

Por ejemplo, todo lo que se anunció ayer ¿es suficiente? En el campo de la seguridad las cosas no han avanzado tanto como se quiere hacer creer. Es más, el tema de las autodefensas sigue tan confuso, que en estos momentos, son más las dudas que las respuestas.

Los grupos armados que hasta hace muy poco aparecían como los “legítimos” más importantes, hoy son apenas uno más en el escenario. Y el apoyo que recibieron ayer, hoy se niega y se quiere olvidar.

Sin embargo, el problema es el mismo.

¿Los grupos armados del centro del estado son iguales a los del sur? ¿Se pueden calificar de la misma manera a los grupos con armas de verdadero alto poder, con los grupos que se armaron con un equipo casi de carnaval?

¿Y los intereses de un grupo en la parte cercana al estado de México, son los mismos que aquellos que se encuentran cerca de Guerrero?

¿Se puede resolver el problema a base de cientos de millones de pesos y con programas que tendrían que haberse aplicado desde hace muchos años, pero sin tocar las raíces de intereses políticos, empresariales y de gobierno que llevaron al conflicto?

El mensaje del gobierno federal en Michoacán es por supuesto, importante. Pero es abiertamente insuficiente por la simple y sencilla razón de que deja en el olvido a los responsables, en todos los niveles, del problema que hoy se quiere resolver.

Invertir en infraestructura, educción y economía es más que adecuado. Pero no aclarar responsabilidades es dejar que el problema se enfríe y reinicie de otra manera y en otra parte.

En tanto no se persiga a quienes se beneficiaron de lo sucedido, el problema no se resolverá realmente. Y “atrapar” uno o dos exfuncionarios o políticos de uno u otro partido tampoco servirá de mucho. A lo más, pondrá a la vista la magnitud del reto que no se quiere enfrentar.

Descompuesto el tema de las autodefensas y aclarada la visión oficial de que con dinero se acaba el conflicto, lo que se tiene en la mano no es una solución de fondo, sino un intento abierto, por ganar tiempo y maquillar un conflicto que se quiere maquillar, no resolver.