Por Luis Soto
APROVECHANDO LA REUNIÓN PLENARIA de la bancada del PRI —celebrada el fin de semana pasado en Mérida, Yucatán—, los secretarios de Hacienda, de Gobernación, de Energía… y el presidente del tricolor, el doctor César “Longines” Camacho, pidieron a sus legisladores que le metan velocidad y aprueben las leyes secundarias de las reformas estructurales y transformadoras que aprobaron el año pasado, especialmente la energética.
¡Pues que el Ejecutivo apure el envío de varias iniciativas!, pareció responderles ayer Manlio Fabio Beltrones, coordinador del Grupo Parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados.
Y es que según el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, en breve el presidente estará enviando un amplio paquete con el objetivo de que sean discutidas y, en su caso, aprobadas, antes de que termine el periodo ordinario de sesiones (30 de abril). “Mientras más pronto tengamos aprobadas las leyes secundarias e inicie la implementación de la reforma energética, más pronto podrán llegar los beneficios a los bolsillos de los mexicanos”, agregó Videgaray.
¡Bueno, tanto como que pronto, pronto, se verá el beneficio, no es cierto!, responden los escépticos. El mismo secretario de Hacienda ha dicho que van a pasar algunos añitos para que la reforma energética traiga prosperidad a millones de mexicanos. Así que no le hagan al cuento, insisten aquellos.
El secretario de Gobernación dijo que “después de las secundarias empezará el trabajo del gobierno y se verán los beneficios (para la población)”. Pero no dijo pronto; bueno, tampoco dijo cuándo.
El que se tiró un “choro” demagógico para “apurar” a los legisladores a que aprueben las leyes secundarias, fue el ”Doctor Longines”, quien dijo a los senadores del PRI y del Partido Verde: “Esto que llaman o que formalmente se llama legislación secundaria, resulta que no es nada secundaria; es tan importante como las reformas constitucionales, en términos prácticos, porque la reforma constitucional necesita desarrollarse, necesita contar con una prolija producción normativa, que le dé a quienes aplicarán las normas los instrumentos más eficaces.” ¡Qué bruto, cuánta sapiencia!, exclamaron algunos.
“Vamos bien, pero necesitamos, merecemos, podemos y debemos alcanzar más. Si tuviera que definirlo con una palabra, diría que la actitud es la persistencia y el resultado debe ser la concreción; es decir, vamos a darle suficiente solidez, una naturaleza férrea, aunque suficientemente flexible para evitar que las normas dejen de ser eficaces”, agregó el doctor.
¡Hay que hacerle un monumento a este cuate!, sugirieron algunos de los asistentes. ¡Tampoco, tampoco hay que tirarse al piso!, sugirieron otros.
El que se puso de alfombrita fue Camacho, apuntan los observadores políticos objetivos e imparciales, quienes apoyan su opinión con la siguiente frase del dirigente de PRI: “Es mi convicción, y estoy seguro que la compartimos, que el presidente Enrique Peña está asumiendo sus deberes y está haciendo las cosas bien; entonces, no sólo por cuestiones de orden político, sino ético y de compañerismo partidario, si él está dando resultados, ya nada más faltaba que nosotros no. Y digo nosotros, considerando a los legisladores y a la dirigencia, porque al final unos y otros somos caras del mismo cuerpo geométrico.” ¡Ni como rebatirles a los observadores!, ¿verdad?
En pleno éxtasis, Camacho se refirió al ecosistema priista: regidores, síndicos, legisladores locales y federales, gobernadores y el gobierno de la República, quienes, dijo, “debemos acelerar el paso. Vamos bien, pero tenemos que apretar nuestro andar.”
En el discurso del dirigente del PRI a los senadores no podía faltar la “cereza en el pastel”, por no decir algún calificativo feo, feo. Dijo: “La diferencia entre el régimen priista del siglo XX y el priismo de este siglo, es clara, somos el partido en el gobierno y no el partido del gobierno. Este año, el año 2014, es el año para sorprender. Para sorprender a propios y extraños de nuestra capacidad para seguir transformando.”
Qué bueno que Camacho nos aclaró que había al menos una diferencia entre el nuevo y el viejo PRI, porque nosotros no habíamos encontrado ninguna; creíamos que eran los “mesmos”, acota un observador. ¡Sorpresas te da la vida, papá!
AGENDA PREVIA
A ver a ver, señor secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong: cuando afirmó en la reunión de presidentes municipales, palabras más palabras menos, que “es un crimen utilizar el tema de la seguridad para una cuestión política, para doblegar a un enemigo político o hacerlo caer en sus pretensiones políticas…” —por lo que negó la reedición del “michoacanazo” (ejecutado el 26 de marzo del 2009)—, ¿quiso decir que Felipe Calderón fue un criminal por haber detenido a 35 funcionarios michoacanos por presuntos vínculos con el crimen organizado?, pregunta un analista bisoño.
¡No, no, no!, exclaman los voceros oficiales y oficiosos del gobierno y los “paleros” que nunca faltan. Lo que quiso decir Osorio, agregan, es que el gobierno actual no hará un numerito parecido, a menos que, como dice el dicho, “tengan todos los pelos de la burra en la mano”.

