Luis SotoPor Luis Soto

PRIMERO FUE EL DOCTOR CÉSAR CAMACHO, dirigente del PRI, quien hace una semana afirmó: “La diferencia entre el régimen priista del siglo XX y el priismo de este siglo, es clara, somos el partido en el gobierno y no el partido del gobierno. Este año, el año 2014, es el año para sorprender a propios y extraños de nuestra capacidad para seguir transformando.”

Hace un par de días tocó a la secretaria general de ese organismo político Yvonne Ortega, salir con otra sorpresita al decir que ya no van a regalar gorras, playeras, cobijas, despensas, matracas… en las siguientes campañas porque eso no garantiza triunfos electorales; no aclaró sin embargo, si dicha medida también excluye los monederos electrónicos o algún otro instrumento financiero que utilizaron para la “compra” de votos (sus detractores dixit), en el pasado.

Tampoco hizo mención a la repartición de tortas, refrescos, chuchulucos, y si también se acabó el acarreo. “Para ser un partido triunfador debe prevalecer la voluntad de abandonar técnicas y herramientas que ya no funcionan. La gorra, la camiseta, la calca, ya no definen la elección”, dijo textualmente la señora Ortega.

Si de técnicas y herramientas se trata, cualquiera podría pensar entonces que también se acabaron las diversas operaciones que el “viejo PRI”, el del año 2000 para atrás, diseñó e instrumento para ganar elecciones municipales, estatales y hasta presidenciales.

Olvídense de la “operación tamal”, “carrusel”, “ratón loco”, “cucurucho”, “urnas embarazadas”… y de esquemas como el “PRIcampo”, “Oportunidades” y otros más. “Ya no pueden los priistas andar viendo por el espejo retrovisor ni suspirar por las glorias idas”, remató por su parte el doctor Camacho Quiroz.

Ni la señora Ortega ni el doctor Camacho precisaron cuáles nuevas técnicas van a utilizar para ganar elecciones, aunque dejaron entrever que utilizarán las redes sociales para convencer a la población de que vote por el PRI del Siglo XXI.

Pero más tardaron ambos personajes en declarar lo comentado, que la senadora priista Lilia Merodio en ponerlos en entredicho. Resulta que pillaron a la legisladora repartiendo cobijas en los barrios pobres de Ciudad Juárez. ¿Y qué querían, que los dejáramos morir de frío?, pareció revirar la señora.

Tal vez tengan razón los dirigentes del PRI cuando afirman que la repartición de gorras, camisetas, cobijas, enseres domésticos y otros artículos entre las personas que asisten a los actos de campaña, ya no sean efectivas para ganar una elección, de cualquier tipo, porque seguramente descubrieron que les dieran lo que les dieran ya no votaban por sus candidatos. Tal vez por eso cambiaron de estrategia y de instrumento, y optaron por la repartición de “monederos electrónicos” disfrazados de estampitas, que según la Unidad de Fiscalización del IFE no tenían ningún valor.

La pregunta entonces sería: ¿Qué van a hacer las miles de empresas pequeñas y medianas que vivían de la elaboración de las playeras y las gorras; de la venta de despensas, de la fabricación de cobijas? ¡Pues cerrar el “changarro”! Pero eso es atentar contra la economía de los más fregados, ¿no? ¡Pues ni modo!, dirán los priistas y los dirigentes de otros partidos que utilizaban las mismas herramientas. ¡Todo es culpa de la transparencia!