Por Norberto DE AQUINO
El gobierno de Enrique Peña Nieto apostó y fuerte, por una relación más que amistosa con el PAN y el PRD. Respaldó a cambio del Pacto por México, todos los caprichos de Gustavo Madero y permitió que Jesús Zambrano y Jesús Ortega en el PRD, presumieran sobre las reformas todo lo que quisieran. Entregó posiciones y desvió la mirada ante irregularidades que podrían dañar a los líderes de los dos partidos de oposición.
La apuesta tenía claro está, tiempos y límites. Y en estos momentos, es obvio que e ha llegado a un punto en el que las cosas no son ya, como se hubiera deseado.
En el caso del PAN, para el gobierno resulta más que evidente, que el apoyo otorgado a Gustavo Madero ha permitido que el actual dirigente y aspirante a una reelección en el cargo, encuentre la ruta para seguir al frente del partido blanquiazul y con ello, garantizar la relación con el gobierno. Esto es, Madero gana un “liderazgo” y el gobierno obtiene el apoyo político que le permita “legitimar” muchas decisiones.
En el caso del PRD las cosas no son tan positivas. Después de todo, el gobierno sabía desde siempre, que la apuesta hecha tenía el riesgo del desprestigio político y moral de quienes tenían el control del partido de la izquierda.
Es obvio que desde el poder se realizaron movimientos de todo tipo para hacer crecer a las figuras políticas ligadas a los “chuchos”. Pero también lo es el hecho de que, a pesar de los esfuerzos realizados, el grupo que controla al partido del sol azteca, no es capaz de convencer a nadie.
Así las cosas, en el PAN, con todo y los riesgos que existen sobre un posible colapso del grupo de Gustavo Madero, queda claro que los consejos y apoyos otorgados desde el poder, han permitido mantener viva la candidatura de, actual dirigente y con ello, la idea del aliado firme y seguro para el gobierno, en tanto que el PRD la situación es casi desesperada.
Primero, Carlos Navarrete puede ser todo lo dócil que se quiera en relación para con el poder. Pero
está lejos, muy lejos, de ser un auténtico líder político. Y menos de izquierda. Sus ligas con Zambrano y Ortega lo convierten en un blanco fácil para las críticas, internas y externas.
La aparición de Marcelo Ebrard en el juego por la dirigencia nacional perredista ha complicado más las cosas. Y es por ello que la posibilidad de que Cuauhtémoc Cárdenas repita como líder del PRD se ve no sólo como una salida a la crisis interna en el partido, sino como la única posibilidad de evitar que Andrés Manuel López Obrador y su Morena sangren al Partido de la Revolución Democrática y se apoderen de un sector político vital para el gobierno.
Ante esta situación, se trabaja primero, para asegurar que Cárdenas se mantenga no sólo en la línea de lucha política, sino que respalde al perredismo. Y ello implicaría llevarlo a ser el dirigente nacional.
Con esta decisión además, se buscaría que Ebrard saliera de las filas del partido negro amarillo. Y con Cárdenas como líder, Ebrard tendría disculpa para no luchar por la dirigencia. Pero entonces, le quedaría la posibilidad de ir al Congreso, como diputado y desde ahí, construir una candidatura presidencial que, en las filas del PRD pocos, por no decir nadie, podrían realmente disputarle.
Claro está, el grupo de los “chuchos” insiste en que Carlos Navarrete puede mantener unido al PRD y conducir la alianza con el gobierno. Pero cada día son menos los que creen en esa versión.
Ebrard es una pieza importante en estos momentos en la lucha de la izquierda. Y el gobierno todo lo que quiere es que la izquierda sea “representada por el PRD y no por Morena”.
El gobierno federal tiene su apuesta en el PAN viva. Quiere que Gustavo Madero se reelija. Pero en el caso del PRD las cosas parecen haber cambiado. Y no poco.
De repente, el gobierno ha entendido que el desprestigio político y moral de Jesús Zambrano y Jesús Ortega puede elevar demasiado los costos para el futuro. Y por ello, tal vez sería mejor un cambio de decisiones.
Y negociar con Cuauhtémoc Cárdenas, al que no hace mucho se intentó aniquilar políticamente hablando, podría ser una buena opción.

