Luis SotoPor Luis Soto

MIENTRAS EL SECRETARIO DE HACIENDA se esmera en explicar a banqueros nacionales e internacionales que el panorama de la economía mexicana está “de pelos”, sobre todo después de que el Congreso de la Unión aprobó el año pasado las llamadas “reformas transformadoras” (energética, financiera, hacendaria…), que permiten pronosticar un crecimiento del PIB de casi el 4% para este año, los integrantes de la Junta de Gobierno del Banco de México parecen decirle: “no te calientes granizo, no te calientes”, porque en una de esas te vuelves a equivocar como el año pasado, cuando “echaste la campanas al vuelo” arrancando tu gestión, pronosticando un crecimiento similar, y te equivocaste, papá.

¡Bueno, es que iban llegando y querían, en el “nuevo PRI”, impresionar a todos!, exclaman los observadores. La realidad es que se dejaron llevar por “el canto de las sirenas”, se sintieron en “los cuernos de la luna” y no escucharon a los expertos en la materia quienes advertían que “no había que hacerse muchas ilusiones… nada más poquitas”, porque en el escenario financiero internacional se veían nubarrones que presagiaban tormentas.

Más aún, en lo nacional apretaron el gasto público casi hasta asfixiar a la economía, y con ello dejar cuasi moribundos a los más de 50 millones de jodidas y jodidos que existen en este país, agrega el columnista.

¡Pero ahora sí va en serio lo del crecimiento! Prácticamente le dijo Luis Videgaray a un grupito de banqueros que hace 20 años se envolvió en la bandera del PRI, y le hizo saber al entonces candidato a la presidencia —Ernesto Zedillo—, que no iban a permitir que otro partido, distinto al oficial, llegara a Los Pinos. Pues sabían que “Zedillín” les iba a perdonar algunas de las pillerías que cometieron cuando Salinas les asignó los bancos, acota el columnista.

Bueno, estábamos en los pronósticos alegres del secretario de Hacienda, del desempeñó de nuestra economía y sus argumentos: Gasto público en enero como “nunca habíamos visto”; recuperación económica de nuestros vecinos; fundamentos sólidos de la economía mexicana para enfrentar la volatilidad de los mercados financieros internacionales; reservas por más de 250 mil millones de dólares, incluyendo la línea flexible del Fondo Monetario Internacional; inflación bajo control después de que se disparó en la primera quincena de enero por los nuevos impuestos, entre otros. Ah, y un peso más fuerte que nunca, pues en los últimos 13 meses nada más se ha depreciado 3.39%, mientras que en Indonesia acumula una depreciación del 24%, en Turquía del 23%, Sudáfrica lleva casi el 30%, Brasil el 17% y Colombia el 15%. ¡Con esa comparación nos quedamos per-ple-jos, doctor!, exclamaron varios analistas bisoños que asistieron al magno evento.

Algunos banqueros se atrevieron a poner en tela de juicio los argumentos del secretario en cuanto al crecimiento del PIB, a lo que respondió prácticamente: ¡Eso ya lo expliqué en las 17 cuartillas que les leí!

Otros le reclamaron por qué si el PRI ya les había pavimentado el camino suprimiendo de sus estatutos el espinoso asunto del IVA a alimentos y medicinas, “le había sacado al parche” y optaron por una reforma fiscal que para muchos es regresiva en lugar de progresiva. ¡Los pobres, señores banqueros, los pobres fueron nuestra principal preocupación! Les respondió el secretario.

A los pobres los hubiera atendido la señora “Chayo” en su Cruzada Nacional Contra el Hambre, mascullaron los de “gayola”. Total, que una buena cantidad de asistentes al evento no salió muy convencida con los argumentos del funcionario sobre la buena marcha de la economía nacional y de sus pronósticos sobre el crecimiento del PIB.

Lo que nunca se esperó el secretario de Hacienda fue que los integrantes de la Junta de Gobierno del Banco de México —en un evento distinto—, advirtieran del riesgo de ajustes abruptos en los mercados financieros en el corto plazo, con implicaciones de consideración para las economías emergentes. Y con todas sus letras dijeron: “No se puede descartar una salida de capitales que afecte las fuentes de recursos disponibles para la economía del país”. ¡Que la boca se les haga chicharrón!, podría responderles el titular de Hacienda.

El que “entró al quite” del titular de Hacienda —unos días después— fue el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, quien palabras más, palabras menos dijo que la mejor estrategia del gobierno federal para proteger al país de los ciclos económicos de Estados Unidos, es “crear escudos y amortiguadores”. No explicó quién va a elaborar estos nuevos “juguetitos” que al parecer podrían sustituir a las “terapias de choque” y “políticas contracíclicas” que instrumentó el entonces secretario de Hacienda, Agustín Carstens, para enfrentar la crisis financiera del 2008-2009, que el mismo doctor confundió con un “catarrito”, pero que se convirtió en “gripe aviar”, perdón, en influenza.