Norberto de AquinoPor Norberto DE AQUINO

La reforma sobre la consulta popular se convirtió, otra vez, en una piedra de tropiezo para el PRI en el Senado de la República y demostró, sin lugar a dudas, que el “pactito” que crearon los coordinadores de kas bancadas en la Cámara Alta no pudo dejar de ser tan sólo, un acto de demagogia que duró apenas, unas horas.

Como se sabe, la izquierda pretende organizar una consulta en torno a las reformas constitucionales en materia de energéticos. El PRI y el PAN han unido fuerzas para rechazar la idea, basados en el hecho, simple pero contundente, que de acuerdo al marco legal vigente, no es posible dar vida a una consulta sobre actos de este tipo.

La reforma se aprobó sin mayores problemas, en la Cámara de Diputados. Y para el gobierno federal este tema resultaba por obvias razones, muy importante. Pero en el Senado las cosas no caminaron como se había planeado. La izquierda logró acuerdos, de momento, pero acuerdos al fin, con el PAN y logró entorpecer las cosas, sin que Emilio Gamboa, el líder priísta, pudiera llevar a buen puerto el proyecto.

Ahora, en un nuevo intento, y con el “minipacto” sellado hace apenas unos días, las cosas volvieron a entramparse. Y es por demás sencillo, entender el problema.

El PRI no ha podido, a lo largo de la actual Legislatura alcanzar acuerdos reales en el Senado. La mayor parte de los proyectos que se reciben, ya sea como Cámara de origen, ya como revisora, se han procesado con una lentitud enorme. Y en buena parte, las iniciativas han sido modificadas o de planeo congeladas.

Tal vez uno de los mejores ejemplos del problema sea aquel de reformas a la administración pública que Enrique Peña Nieto promovió, a través de las bancadas del PRI, para modificar de fondo lo que se conoció como Función Pública y la policía federal. El proyecto fue modificado de tal manera por el PRD y el PAN que todo acabó en una controversia constitucional que aún no se resuelve.

Otro caso podría ser el de la reforma educativa. Modificaciones y errores políticos enormes que

obligaron a decisiones políticas por sobre el Senado para remediar las cosas.

Ahora, con la consulta popular, lo que la izquierda pretende es crear un marco que le permita atacar las reformas ya aprobadas. Y ello para el proyecto del gobierno federal es lógicamente, una batalla política que no quiere librar, y menos por que ello violenta, guste o no, las leyes actuales.

Pero en el Senado de la República las cosas se procesan de acuerdo a los deseos de las minorías. La incapacidad para lograr los acuerdos que el gobierno requiere por parte de la bancada priísta son más que obvios.

Y cuando se presentó la caricatura del “mini pacto por México” con el que se suponía que había ya acuerdos para los debates, todo mundo entendió que lo que se presentaba no era más que un juego de imágenes con el cual Emilio Gamboa quería recuperar algo del terreno perdido en lo que a juego político se refiere.

Ahora, todo mundo entiende que el “pactito” fue siempre un engaño y que la realidad es la misma. No hay liderazgo real en el Senado y los acuerdos se alcanzan siempre con pagos extraordinarios a las oposiciones.

El PRD quiere una consulta que no puede alcanzar y el PAN, ante ello, simplemente busca encarecer sus votos para ayudar al PRI. Y como siempre, los priístas pagarán la cuota y sufrirán la derrota política.

Algo a lo que, por cierto, tendrán que acostumbrase en tanto las condiciones actuales no se modifiquen.