Por Norberto DE AQUINO
Josefina Vázquez Mota parece haber hecho la apuesta política más importante de su carrera. Diferente a la de aquella que tenía la candidatura presidencial como eje. Y podría ser el primer paso en la búsqueda de logros muy importantes.
Todo mundo sabe que la señora Vázquez Mota decidió no tomar parte en la lucha por la presidencial del PAN. Y todo mundo se enteró de sus acusaciones sobre la desigualdad que habrá de reinar en el proceso interno que lleva Gustavo Madero como actual, dirigente, como aliado del gobierno federal y como controlador del listado de votantes, en contra de Ernesto Cordero, candidato del grupo que encabeza Felipe Calderón.
No es necesaria una memoria privilegiada para recordar que Josefina Vázquez Mota fue dañada por ambos grupo en pugna. Calderón no le dio el apoyo necesario, Cordero le disputó la candidatura y Madero no sólo no colaboró realmente con ella, sino que resulta obvio que tenía más interés en una derrota del PAN, que en un triunfo.
Ahora, parece que la panista considera que ha llegado el momento de las revanchas. Pero no como venganzas, sino como la oportunidad de trabajar en un nivel diferente al de los grupos hoy en abierta confrontación.
Así, se retira del proceso. Deja clara su posición en contra de todo lo que ha hecho Madero para perpetuarse en el control del PAN. Y se niega a respaldar a Cordero, con lo que se coloca en un plano de aparente neutralidad, dejando a los grupos en disputa en libertad total para destruirse sin importar quien logre la victoria a final de cuentas.
Y la estrategia es sencilla, pero no por ello carente de importantes objetivos políticos.
Primero, Vázquez Mota deja ver que Cordero no aceptaría darle el apoyo que ella requeriría para la victoria. Y ella no quiere dar ese apoyo a cambio de una posición que en nada le ayudaría en el futuro.
Por supuesto, jamás apoyaría a Madero, con quien tiene no sólo cuentas pendientes, sino una abierta
disparidad política.
Vázquez Mota sabe además, que esta batalla no deja de ser un encuentra por el control del partido por algo menos de dos años. Esto es, lo que se buscará es el control de las candidaturas para el año próximo. Importantes, pero demasiado cortas en el tiempo.
Entonces, parecería que la señora Vázquez Mota decidió arriesgar un poco más y aparecer un poco menos. Sabe que, pase lo que pase, podría aparecer en las listas del PAN a la Cámara de Diputados para los comicios del 2015. Y sabe que tiene una curul en la bolsa.
Sabe del mismo modo, que la radicalización en su partido no se acabará con la elección de la nueva dirigencia. Y sabe que, después de disipado el humo, el PAN necesitará de una figura que pueda, de alguna manera, trabajar en la reconstrucción política del panismo con un lema aceptable de unidad.
Y además, sabe que después de ello, el PAN se enfilará a un nuevo proceso interno para elegir a una dirigencia para hacer frente a las elecciones presidenciales del 2018.
Y esa podría ser la apuesta real de Josefina Vázquez Mota. Sin posibilidades claras de encabezar un proceso en estos momentos, esperará los resultados de la batalla entre Madero y Cordero. Y con los datos en la mano, iniciar la reconstrucción de un panismo no sólo convertido en la tercera fuerza electoral del país, sino en pleno declive que además, pueda conducirla a nuevos espacios de lucha política, sin rivales que le disputen las posiciones y sin traidores que la abandonen en plena contienda contra los adversarios.
Josefina Vázquez Mota ha jugado sus cartas. Y sus espacios no podrían cerrarse mucho más, pero sí abrirse de gran manera si el resultado es el que ella espera.

