Por Norberto DE AQUINO
El reto político planteado por el surgimiento de las autodefensas parece haber desbordado, de muchas maneras, la estrategia del gobierno federal para “rescatar” el estado de Michoacán. Y en estos momentos, lo que se vive en la entidad, más allá de los discursos, es una realidad en la que la legalidad se rinde ante los grupos armados, “legítimos” o no.
De sobra se conoce el grado de descomposición que se vive en Michoacán. Y todo mundo recuerda como todos y cada uno de los proyectos implementados para pacificar la entidad, se convirtieron en estrepitosos fracasos.
Del mismo modo, es sencillo recordar la disputa política que surgió en torno a la enfermedad del gobernador y la aparición de un interino y más adelante, el retorno del mandatario, con el consabido desgaste político de todos, por la batalla interna por el poder estatal.
En ese marco, apareció la figura de Alfredo Castillo, quien se convirtió en el verdadero poder político en el estado, gracias al cargo de “comisionado” y a las facultades extraordinarias de que fue dotado para organizar el nuevo “rescate” del estado.
Pero los problemas se han acumulado. Que si el comisionado se reunió con delincuentes. Que si la información respectiva fue “filtrada” por entidades oficiales molestas por las decisiones tomadas. Que si se combatiría a las autodefensas. Que si sólo a unas. Que no se sabía. Y finalmente, que no se les permitiría ir más allá. Hasta que el pasado lunes esos grupos demostraron que tienen poder suficiente como para imponer su voluntad.
De esta manera, queda claro que el señor Castillo ha fracasado en su labor. Se pueden decir muchas cosas, pero es obvio que una pacificación pasa, antes que nada, por el respeto a las leyes. Y Castillo ha tolerado la violación de la ley, sin responder de manera alguna al hecho.
Así, ciudades importantes de la entidad son “tomadas” por las autodefensas. Las autoridades se convierten en sus guardaespaldas. Y observan, sin hacer nada, como los grupos armados derriban
gobiernos municipales, sin importar otra cosa que no sea su forma de ver las cosas.
Acusan a un alcalde de estar ligado con los “Templarios”. Pero, ¿no tendrían que presentar las pruebas y esperar que el procedimiento legal se cumpliera y de esa manera además, surgiera la nueva autoridad?
Los alcaldes son electos. Y la legitimidad de sus cargos depende de la voluntad ciudadana. ¿Ello depende ahora de los intereses de las autodefensas? ¿A partir de ahora en Michoacán serán los grupos armados los que decidan quienes son “buenos” y quienes son “malos””
Con todo lo sucedido, queda a la vista que Alfredo Castillo es incapaz de controlar el problemas que se le encargó resolver. Y al mismo tiempo, salta a la vista la debilidad del estado de derecho, al menos en Michoacán.
Del mismo modo, ya no se puede dudar de que el estado ha sido “tomado” por los grupos armados a ciencia y paciencia de las autoridades que tendrían que hacer respetar el estado de derecho.
Pero el problema no acaba ahí.
Castillo perdió la batalla por su desconocimiento del estado. Por no poder identificar los problemas de fondo del surgimiento de las autodefensas.
Pero tal vez, lo importante en su fracaso radique en el hecho simple, pero contundente, de no entender que como parte de la solución, lo primero que debió hacer, fue identificar no a líderes y grupos, sino intereses políticos y financiamientos.
Esto es, ¿de dónde sale el dinero para cada grupo? ¿Quiénes lo invierten? ¿Cuáles son los objetivos reales de cada grupo? ¿De dónde salieron las armas y cómo llegaron a cada grupo? ¿hay ligas de esos grupos con cárteles de la droga?
En Michoacán se quiso jugar a las imágenes. Y lo que se ha logrado es simplemente, entregar a grupos armados a un estado que podría ser ejemplo para muchos otros. Con todo lo que ello puede significar.

