Norberto de AquinoPor Norberto DE AQUINO

La lucha dentro del PRD por conquistar el control del partido se ha convertido en una batalla de sobrevivencia en la que todos los grupos aspiran no sólo a vencer, sino a aniquilar a los contrarios. Y en esa batalla, Miguel Angel Mancera tiene un sitio destacado.

Para todo el que haya puesto algo de atención a los sucesos dentro de las filas del partido del sol azteca, resulta obvia la desesperación del grupo de los “Chuchos”, Jesús Ortega y Jesús Zambrano, por mantener bajo su estricto control, con todas las prebendas que ello significa, las decisiones partidistas.

Y los rivales no han perdido oportunidad para hacer ver que el destino del PRD en manos del “chuchismo”, no es otro que la pérdida de credibilidad y respeto por parte de los votantes.

En esta lucha, ha quedado claro que uno de los objetivos del grupo en el poder fue eliminar, lo más rápido posible, a Marcelo Ebrard. Y para lograrlo, Miguel Angel Mancera toleró que Joel Ortega, director del Metro, colocara el tema de la Línea 12 en el centro de la contienda, con la idea de que ello acabaría políticamente con el extitular del gobierno del Distrito Federal.

El problema, como se sabe, se ha convertido en una bomba de tiempo que puede acabar arrollando incluso, a sus promotores.

En estos momentos, Joel Ortega es un lastre para Mancera. Y un problema sin solución para el PRD. Pero es Mancera el que tiene más razones para preocuparse.

El jefe del gobierno capitalino había roto su alianza con Ebrard desde prácticamente iniciada la nueva administración. Y dejó correr el tema del Metro como parte de la idea de que sin Ebrard en el camino, toda la ruta hacia la candidatura en el 2018 quedaba abierta.

Pero las cosas no resultaron así. Destapar la incapacidad y corrupción del perredismo en la Línea 12 del Metro ha provocado reacciones airadas de diversos grupos de la izquierda que considera que, a partir de ahora, el PRD ocupa un sitio similar a los PAN y el PRI en lo que a corrupción se refiere.

Es más no pierden de vista el hecho de que el “acusador” es un gobierno que alcanzó el poder gracias al PRD, pero que se ha presentado siempre, como un político sin partido. Esto es, el desprestigio es para el PRD y el beneficio para Mancera.

Al mismo tiempo, esos grupos no dejan de recordar como Mancera se ha entregado politicamente, en los brazos del PRI y ha construido una relación mas que cercana con Enrique Peña Nieto, en espera de que al momento de las grandes decisiones, la posibilidad de una “candidatura ciudadana” no sólo sea posible, sino que lo contemple a él como la mejor opción.

Mancera entonces, lucha por alcanzar una imagen de “demócrata” que acabará de construirse cuando en las elecciones del año próximo, los partidos de oposición en el Distrito Federal conquisten varias e importantes posiciones

Esta situación ha llevado a todos los grupos antagónicos en el PRD a contemplar a Mancera con mucho recelo. No sólo ha golpeado a Ebrard, sino que ha tolerado que se ataque el partido del sol azteca desde diversas posiciones, siempre que a él no se le involucre en los problemas.

Mancera ha aparecido en eventos políticos importantes justo en el momento en que las cosas no le resultan del todo benéficas. Y ha logrado desviar los problemas hacia todas partes, especialmente en el pasado, para evitar mayores desgastes.

Pero de esto ya se dieron cuenta todos dentro del PRD. Y en la lucha por la conquista del poder en el partido, no son pocos los que se preguntan si llevar la contienda a términos tan cercanos al proceso electoral del año próximo no es también parte de la estrategia en la que los perredistas paguen el descrédito y Mancera sea el beneficiado.

Después de todo, si de aparecer como demócrata se trata, unas elecciones en las que el PRD pierda la hegemonía en la capital del país sería uno de los puntos más importantes a destacar a la hora del recuento.