Norberto de AquinoPor Norberto DE AQUINO

El tema de la violencia en los estadios adquirió ya, nivel de salud pública. Y si bien el término se presta a comentarios negativos, es obvio que los diputados que aprobaron ya imponer sanciones fuertes a los rijosos, entraron en un terreno político que a muchos habrá molestado.

De entrada, nadie en su sano juicio, aceptaría la idea de que el problema lo inventó un equipo o un personaje determinado. Y por supuesto, nadie aceptaría que en esto, todo lo que existe es apenas, un problema de castigos en contra de quienes desatan la violencia en un estadio como sucedió hace una semana en Guadalajara.

La Cámara de Diputados sacó adelante u proyecto que impone pena de cárcel, de varios años, a los violentos. Pero esto tendría que ser, apenas, el primer paso en la solución de un problema que se ha incubado desde hace años.

Las televisoras, grandes promotoras en su momento de las ahora condenadas “barras”, intentan hacernos creer que son inocentes. Y los dueños de los equipo de futbol quieren encontrar a los culpables fuera de sus respectivas áreas de influencia.

Pero no se requiere de grandes conocimientos sobre el tema para entender que lo que sucede en este momento en nuestro balompie no es otra cosa que la descomposición que dio vida a otras formas de negocio.

Los equipos de futbol, todos, entregan a sus “porras” boletos para cada partidos, apoyos para que viajen a otros estadios para “acompañar” a sus jugadores y claro está, dinero y utilería que en su momento, se reparte entre los integrantes de cada barra.

Esto que no es nuevo ni mucho menos, se agudizó cuando a los funcionarios de nuestro futbol se les ocurrió seguir el ejemplo argentino, sin entender ni ver los problemas que en el país sudamericano se viven como resultado de las barras.

Poco a poco en México, esas turbas que poco tienen que ver realmente con el deporte se adueñaron

de los estadios. Se empezó con insultos a los rivales, a los árbitros y después, a los propios jugadores “de casa”. Y nadie hizo nada.

Siguió el ataque abierto a los asistentes a los estadios que querían apoyar a los equipos rivales. Y nadie hizo nada. Se pasó a la violencia callejera que antes se vivía en los partidos de fútbol americano. Y no se hizo nada.

Después, todo esto se había convertido en parte del futbol y en parte del negocio. La violencia como parte de las ganancias. Y las “porras” como parte de una decisión que todos los equipos llevaron a la práctica, pero que las televisoras impulsaron todo lo que pudieron.

Ahora, se intentó primero, un control de daños ante el escándalo de la golpiza en Guadalajara. Ante la oleada de indignidad, se quiere ahora encontrar culpables en los equipos que están “fuera” del área de influencia de las televisoras.

Pero la verdad es que todo esto es un problema enorme. Y el primer paso se ha dado, Pero sólo es un primer paso. Tal vez lo que las televisoras temen es que en un momento dado, la FIFA. Pueda tomar cartas en el asunto y aplicar sanciones al futbol mexicano. Y ello sería dañino para los bolsillos de los equipos y de la Federación Mexicana del deporte.

Los resultados de nuestro futbol están a la vista. Entramos al Mundial de Brasil gracias a que Estados Unidos le ganó a Panamá y con ello, nuestra selección pudo jugar un torneo de rebote en contra de Nueva Zelanda.

Sin embargo, la pobreza de nuestro futbol no está sólo en la calidad de los jugadores, sino en la de los directivos que, se acepte o no, han preferido tener violencia en los estados, antes que llenarlos de verdaderos seguidores del deporte gracias al espectáculo que quieren ver.

Y ante el fracaso de su estrategia, ahora quieren culpables. Y las autoridades quieren conformarse con sanciones más fuertes, antes que tomar medidas reales para solucionar el problema.

La Cámara de Diputados dio el primer paso. Pero el camino para terminar con la violencia en los estadios es aún muy largo. Y lleno de escollos.